Juan-2019-23

En el Evangelio de San Juan, el don del Espíritu Santo es el regalo del resucitado el día de su resurrección. En el Evangelio de San Lucas se habla de 50 días hasta la venida del Espíritu en Pentecostés. No debe preocuparnos esta discrepancia.

Al aparecerse Jesús a sus discípulos, encerrados en el cenáculo por miedo a los judíos, les otorga dos grandes regalos: la paz y el ministerio de la reconciliación como primer fruto del Espíritu Santo.

El miedo de los discípulos es comprensible. Los enemigos de Jesús han triunfado. Su Maestro les ha sido arrancado y su derrota parece el final. No solo su vida ha sido destruida, sino su proyecto del Reino. Y sus seguidores deben ser eliminados.

Jesús atraviesa las puertas cerradas del miedo y les desea la paz. No como la paz que da el mundo; no se trata de ausencia de conflicto. Es el envío que recibió del Padre y ahora se lo da a sus discípulos. Es la seguridad del triunfo defnitivo de la vida sobre la muerte, garantizada por la resurrección.

De inmediato, les da Jesús su segundo regalo. Reciban el Espíritu Santo: a quie
nes les perdonen los pecados les quedan perdonados, a quienes se los retengan les quedan retenidos.

El don del Espíritu hace posible a los discípulos participar plenamente de la misión que Jesús recibió del Padre. La misión de reconciliar al mundo con Dios y reconciliar a los hermanos entre sí.

En el relato de los Hechos de los Apóstoles, el regalo de la reconciliación se muestra de forma admirable en el milagro de las lenguas. La capacidad de comunicar el misterio en todas las situaciones, en todas las culturas y en todas las épocas. Pentecostés reconstruye lo que se había perdido en la Torre de Babel. Ya no habrá más barreras de incomunicación. Se ha roto la división entre judíos y gentiles. Ya no habrá más excluidos. Habrá un solo pueblo de Dios reunido de entre todas las naciones por la acción del Espíritu Santo.

Este es el gran misterio que celebramos hoy. Es el broche de oro del misterio pascual. Atravesando la muerte, Jesús pasa a la plenitud de la vida y se la comunica, no solo a sus seguidores sino a todo el mundo. Acogemos el regalo de la paz y del Espíritu.


Diversidad de dones
(1 Cor 12,3-7.12-13)
Diversidad de dones
derrama el Santo Espíritu de Vida
en nuestros corazones,
y su llama encendida
nos cauteriza la profunda herida.
Su viento impetuoso
es aliento y empuje creador,
que se hace primoroso
fuego transformador
y nos marca: “Jesús es el Señor”.

Es fuerza de unidad
y de infnito amor santifcante
que extiende su bondad
como agua refrescante
para calmar la sed al caminante.
Maestro y abogado
que forma un solo pueblo libre, unido,
un cuerpo traspasado,
por Cristo redimido
y en una sola Iglesia convertido.

Ora con la Palabra

 

Domingo 26 de junio: XIII del Tiempo Ordinario

 

Lc 9,51-62

“Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén (...) Te seguiré adonde vayas”.

Lunes:   Am 2,6-10.13-16 / Sal 50 (49) / Mt 8,18-22

“Sígueme”

Martes:  Am 3,1-8; 4,11-12 / Sal 5 / Mt 8,23-27

“¿Por qué tienen miedo, hombres de poca fe?”

Miércoles: Hch 12,1-11 / Sal 34 (33) / 2Ti 4,6-8.17-18 / Mt 16,13-19

“Tú eres Pedro, y te daré las llaves del Reino de los cielos”.

Jueves:   Am 7,10-17 / Sal 19 (18) / Mt 9,1-8

“...la gente alababa a Dios, que da a los hombres tal potestad ”

Viernes:  Am 8,4-6.9-12 / Sal 119 (118) / Mt 9,9-13

“No tienen necesidad de médico los sanos... ”

Sábado:  Am 9,11-15 / Sal 85 (84) / Mt 9,14-17

“¿Es que pueden estar tristes los invitados a la boda mientras el novio está con ellos?”

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