Juan-1423-29

La primera lectura de este domingo narra uno de los primeros dilemas que afrontó la comunidad cristiana: ¿era necesaria o no la circuncisión y el cumplimiento de la ley de Moisés para los paganos que se convertían al cristianismo? Para nosotros esta cuestión puede ser de segunda importancia, pero no fue así entonces. No es difícil imaginarnos cómo resultó el “altercado” y la “violenta discusión” con Pablo y Bernabé, que defendían la respuesta negativa a tal disyuntiva. Si bien Jesús fue circuncidado a los ocho días (Lc 2,21), y lo mismo podemos suponer sobre todos los apóstoles ― incluido Pablo―, este último comprendió que la salvación no podía atarse a una marca externa en la piel, sino que dependía de la entrega total del corazón a Dios (cf. Jer 4,4). Pablo y Bernabé defendían una ruptura con la tradición judía y la misma vida de Jesús, para ser fieles a las implicaciones más radicales de su Buena Noticia.

Desde esta perspectiva podemos entender que en el Evangelio de Juan las frases “guardar las palabras” y “recordar lo que ha dicho” el Señor, no significan solo repetir de memoria los versículos de La Biblia. Estas invitaciones suponen preguntarnos constantemente qué haría Jesús en nuestro lugar y dejarnos conducir por el Espíritu.

La tradición de la Iglesia no es un objeto de museo que debe conservarse bajo cristales blindados, a temperatura fija y vigilada por cámaras de seguridad. La tradición es una realidad viva, capaz de comunicar a los hombres y mujeres de cada tiempo la riqueza del Evangelio y responder a sus preguntas, anhelos e inquietudes. Tampoco se trata de crear un nuevo Jesús para cada época, ni que la Iglesia cambie según las expectativas de cada generación. La tensión entre lo nuevo y lo viejo no se resuelve eligiendo rápidamente o por capricho. La verdadera fidelidad a la tradición exige poder leer el pasado de modo inteligente, recuperando lo que todavía es valioso y superando con audacia lo que pertenece a una mentalidad o cultura obsoleta. Nadie puede realizar esta tarea en  solitario dentro de la Iglesia. Se requiere la experiencia de toda la comunidad, la sabiduría de los maestros y la guía de los pastores. El proceso sinodal que ha convocado el Papa Francisco del 2021 al 2023 puede ser, como la reunión de Jerusalén, una oportunidad para abrirnos a la novedad del Espíritu.


     Ciudad de luz
(Ap 21, 10-14.22-23)
Está la ciudad santa
con luz del Sol radiante a toda hora,
y un coro inmenso canta
en esta eterna aurora
rindiendo solo honor a quien adora.
Murallas y baluartes
protegen la ciudad, con doce puertas
que adornan estandartes,
y siempre están abiertas
a vírgenes amables y despiertas.

Ciudad de luz sagrada
que irradia la mirada del Cordero,
y está santificada
con culto verdadero
al Hombre-Dios clavado en el madero.
El pueblo de Israel
por cada puerta a la ciudad ingresa,
pues el Señor es fiel
y su bondad profesa
a quienes participan de su mesa.

Ora con la Palabra

 

Domingo 26 de junio: XIII del Tiempo Ordinario

 

Lc 9,51-62

“Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén (...) Te seguiré adonde vayas”.

Lunes:   Am 2,6-10.13-16 / Sal 50 (49) / Mt 8,18-22

“Sígueme”

Martes:  Am 3,1-8; 4,11-12 / Sal 5 / Mt 8,23-27

“¿Por qué tienen miedo, hombres de poca fe?”

Miércoles: Hch 12,1-11 / Sal 34 (33) / 2Ti 4,6-8.17-18 / Mt 16,13-19

“Tú eres Pedro, y te daré las llaves del Reino de los cielos”.

Jueves:   Am 7,10-17 / Sal 19 (18) / Mt 9,1-8

“...la gente alababa a Dios, que da a los hombres tal potestad ”

Viernes:  Am 8,4-6.9-12 / Sal 119 (118) / Mt 9,9-13

“No tienen necesidad de médico los sanos... ”

Sábado:  Am 9,11-15 / Sal 85 (84) / Mt 9,14-17

“¿Es que pueden estar tristes los invitados a la boda mientras el novio está con ellos?”

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