Juan-2019-312

El segundo domingo de pascua es conocido como el domingo de la misericordia, quizás porque las lecturas de este día presentan varias veces este tema. El salmo 117 repite que la misericordia de Dios es eterna e invita a los fieles a darle gracias por ello. El evangelio narra la aparición de Jesús, que sopla su aliento sobre la comunidad para que reciba el don del Espíritu Santo y la capacita para perdonar pecados. La misericordia es el primer fruto que la Iglesia obtiene del resucitado, junto con la misión de extenderla por el mundo. Un detalle aparentemente menos importante es poder ver y tocar las heridas del Señor para llevar adelante esta tarea.

El evangelio menciona dos veces las manos y el costado de Cristo como signo de su identidad. Esta repetición no es casual porque no se nombra ni el rostro de Jesús, ni su estatura, ni el tono de su voz o cualquier otro rasgo físico para asegurar a los discípulos que es Él y no otro quien aparece. Las heridas de la pasión no son simplemente marcas biológicas, sino el sello de una vida entregada hasta el final por amor. Cuando Jesús muestra sus manos y 
su costado a los discípulos y a Tomás, les ayuda a experimentar un amor real, concreto, más fuerte que el pecado de abandonarlo o negarlo tres veces. Las marcas de la cruz les recuerdan que la misericordia no
es simplemente una idea “bonita”, sino una opción de Dios, que asume todas las consecuencias. A diferencias de otras heridas, las de Jesús no multiplican el dolor ni hieren a otros, sino que sanan y dan vida. Frente a ellas los discípulos no deben huir o defenderse como culpables atemorizados, sino acudir con confianza.

El resucitado tiene heridas como muchos seres humanos, quizás como todos. Gracias a esta solidaridad podemos encontrar en Jesús alguien que no es indiferente a nuestro dolor porque ha experimentado lo mismo. La Iglesia, para ser testigo del Señor, debe derramar el bálsamo del consuelo sobre las heridas de este mundo. La misericordia no es para ella una opción entre otras, que se planifca y se realiza en determinados momentos. El resucitado no maquilla sus heridas porque Dios no se cansa de perdonar; somos nosotros los que muchas veces cerramos el corazón.

Alegres en la prueba
      (1 P 1, 3-9)
Nos muestra el Padre amado
su gran misericordia y compasión
en el crucificado
y en su resurrección,
con la cual nos ofrece salvación.
Sin ver a Dios, lo amamos,
sin tocarlo, creemos firmemente,
juntos nos alegramos
en el tiempo presente
de esta pascua florida y esplendente.

Alegres en la prueba,
vivimos por la fe en este Dios vivo
que todo lo renueva,
y, cual brote de olivo,
será de primavera el distintivo.
Firmes en la esperanza,
con mucha fe y amor bien custodiado,
vivimos la enseñanza
de tocar su costado
y ver que está su corazón llagado.

Ora con la Palabra

 

Domingo 26 de junio: XIII del Tiempo Ordinario

 

Lc 9,51-62

“Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén (...) Te seguiré adonde vayas”.

Lunes:   Am 2,6-10.13-16 / Sal 50 (49) / Mt 8,18-22

“Sígueme”

Martes:  Am 3,1-8; 4,11-12 / Sal 5 / Mt 8,23-27

“¿Por qué tienen miedo, hombres de poca fe?”

Miércoles: Hch 12,1-11 / Sal 34 (33) / 2Ti 4,6-8.17-18 / Mt 16,13-19

“Tú eres Pedro, y te daré las llaves del Reino de los cielos”.

Jueves:   Am 7,10-17 / Sal 19 (18) / Mt 9,1-8

“...la gente alababa a Dios, que da a los hombres tal potestad ”

Viernes:  Am 8,4-6.9-12 / Sal 119 (118) / Mt 9,9-13

“No tienen necesidad de médico los sanos... ”

Sábado:  Am 9,11-15 / Sal 85 (84) / Mt 9,14-17

“¿Es que pueden estar tristes los invitados a la boda mientras el novio está con ellos?”

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