Juan-201-9

Terminamos la pasión de Jesús, abrumados por toda la injuria y los tormentos que cayeron sobre él. La pasión era un espectáculo de máxima crueldad, ideado por los romanos para matar a los esclavos y a los opositores al imperio. Desde las cruces colgadas en las salidas de las ciudades se extendía por todo el pueblo un terror paralizante que encogía el alma y apagaba cualquier tentativa de disidencia contra Roma.

La experiencia de la resurrección de Jesús fue diferente a la crucifixión. Él se apareció en la intimidad de las personas y de la comunidad. No hubo ningún ritual organizado. Nada se realizó de manera espectacular para deslumbrar e imponerse. La realidad de Jesús resucitado se fue abriendo paso lentamente en la libertad de sus discípulos, entre la decepción, el desencanto y el miedo a ser engañados y sufrir de nuevo un golpe demoledor.

Las mujeres que acompañaron a Jesús hasta el último momento de su muerte y de la sepultura son las primeras que se acercan al sepulcro para ungir su cadáver al tercer día de su ajusticiamiento, al amanecer. El sepulcro vacío no demuestra nada, pero pone en movimiento a la comunidad. Es una gran pregunta: ¿Qué ha sucedido? Las mujeres escuchan las palabras que conmocionan al grupo de seguidores de Jesús. Ya no hay que buscar a Jesús entre los muertos. María Magdalena se queda buscando el cuerpo en los alrededores del sepulcro y el Señor la sorprende. No lo reconoce, hasta que pronuncia su nombre con un acento que resumía toda su historia personal transfgurada en el encuentro con Jesús. Ella anuncia a los discípulos que el Maestro está vivo. Es Jesús resucitado el que busca y sale al encuentro de los discípulos ahí donde se encuentran: en la búsqueda de la Magdalena, en el camino del desencanto que sale hacia Emaús, en la casa donde están encerrados por el miedo, en el trabajo cotidiano de pescadores en el lago, en la ausencia de Tomás que no cree mientras no vea y toque sus heridas.

Para los discípulos, como para nosotros ahora, empieza el tiempo de ir asimilando lo que ha sucedido. No se trata de cualquier experiencia religiosa, sino del crucificado que ha vuelto a la comunidad de otra manera. Empiezan una nueva forma de relacionarse con Jesús, hasta que sorprenden al mundo con su testimonio: “Jesús ha resucitado”. El Amor no puede morir.

Resucitados con Cristo
       (Col 3,1-4)
Aquel que está sentado
a la diestra del Padre en las alturas
ya nos ha liberado
de yugos y ataduras
para gozar con Él de sus dulzuras.
Si con Él revivimos
y buscamos los bienes de allá arriba,
si por Él existimos
en esta tierra esquiva,
gozaremos con Él mesa festiva.

Si con Él hemos muerto
y se oculta en su tumba nuestra vida,
veremos en su huerto
la victoria escondida
entre la clara luz de amanecida.
Cuando venga glorioso,
estaremos con Él en compañía
y será venturoso
aquel eterno día,
cual infnito espacio de alegría.

Ora con la Palabra

 

Domingo 26 de junio: XIII del Tiempo Ordinario

 

Lc 9,51-62

“Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén (...) Te seguiré adonde vayas”.

Lunes:   Am 2,6-10.13-16 / Sal 50 (49) / Mt 8,18-22

“Sígueme”

Martes:  Am 3,1-8; 4,11-12 / Sal 5 / Mt 8,23-27

“¿Por qué tienen miedo, hombres de poca fe?”

Miércoles: Hch 12,1-11 / Sal 34 (33) / 2Ti 4,6-8.17-18 / Mt 16,13-19

“Tú eres Pedro, y te daré las llaves del Reino de los cielos”.

Jueves:   Am 7,10-17 / Sal 19 (18) / Mt 9,1-8

“...la gente alababa a Dios, que da a los hombres tal potestad ”

Viernes:  Am 8,4-6.9-12 / Sal 119 (118) / Mt 9,9-13

“No tienen necesidad de médico los sanos... ”

Sábado:  Am 9,11-15 / Sal 85 (84) / Mt 9,14-17

“¿Es que pueden estar tristes los invitados a la boda mientras el novio está con ellos?”

Suscripción al boletín

Si desea recibir la publicación en formato digital, solicítelo a la dirección: vidacristianaencuba@gmail.com.