Entrada-en-JerusalénUna vez más la liturgia, contemplación orante y comunión con el misterio de Cristo a lo largo del año de celebraciones, nos pone junto al Señor. Al término de su ruta evangelizadora, somos invitados a  acompañarlo en momentos cruciales. Es hora de avanzar con Jesús, desde su disposición a una entrega total, pasando entre aclamaciones y peligros, entre apremios y amenazas.

Entrar en Jerusalén no es hacerlo como hombre fuerte que desafía al poder convocando a una rebelión armada. Tampoco como el devoto peregrino que entra en la ciudad santa para ofrecer sacrificios y luego retirarse del templo con una bendición. Ha llegado su hora. Y la vivirá como el Hijo amado, dispuesto como siervo al servicio que las circunstancias pidan en su misión para la salvación de todos.

Quiere vivir y quiere la Vida para sus hermanos. Pero las fuerzas presentes a su alrededor –clase  sacerdotal, pueblo y romanos- lo azuzan a entrar en un combate mundano: pelear para vencer al contrario. Para ganar, el otro tiene que perder. En cambio, para Jesús, entrar en Jerusalén es hacerlo humildemente, a lomo de burro, trayendo paz. Una paz basada en la verdad y la justicia. No es la pax romana, impuesta con armas. Tampoco la paz de la religión oficial, conseguida con el triunfo de la Ley y la observancia ritual sobre el amor solidario.

La celebración de hoy nos lleva de la alegría de los ramos festivos en brazos de los humildes al complot criminal de los grandes contra el Siervo indefenso,  quienes se apoderan de su persona y misión para acallarlo en sangre, en mentira y en violencia. A lo largo de esta Semana Santa, en medio del aparente silencio de Dios, vemos al Hijo -que arrojarán momentáneamente a un sepulcroavanzar con su paz interior entre los fuertes y armados, una paz vulnerable. Pero es la verdadera paz, la que proviene del amor, la verdad y la justicia, que no cabe en las minúsculas dimensiones de la muerte y del silencio resignado ante el abuso.

Al término de esta Semana Santa, el Padre que dio testimonio de su Hijo en el bautismo y en la transfiguración, tendrá la palabra sobre lo ocurrido en estos días en Jerusalén y fuera de la ciudad, en el Calvario.


   SIN ALARDE
 (Flp 2, 6-11)
Sin alarde viniste,
oh Cristo, a nuestra tierra en desventura,
y humillado te fuiste,
sumido en la amargura
de ver al pecador en su locura.
Te hiciste uno de tantos,
de baja condición y despojado
de túnicas y mantos,
y envuelto en el pecado
que tiene a nuestro mundo trastornado.

Clavado en el madero,
tu sangre derramaste hasta la muerte:
hombre y Dios verdadero,
con un amor tan fuerte
que al miserable en hijo lo convierte.
Vestido de victoria,
ya reinas junto al Padre, cual Señor:
“fuerza, poder y gloria,
alabanza y honor
tiene por siempre Cristo en el Amor”.

Ora con la Palabra

 

Domingo 26 de junio: XIII del Tiempo Ordinario

 

Lc 9,51-62

“Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén (...) Te seguiré adonde vayas”.

Lunes:   Am 2,6-10.13-16 / Sal 50 (49) / Mt 8,18-22

“Sígueme”

Martes:  Am 3,1-8; 4,11-12 / Sal 5 / Mt 8,23-27

“¿Por qué tienen miedo, hombres de poca fe?”

Miércoles: Hch 12,1-11 / Sal 34 (33) / 2Ti 4,6-8.17-18 / Mt 16,13-19

“Tú eres Pedro, y te daré las llaves del Reino de los cielos”.

Jueves:   Am 7,10-17 / Sal 19 (18) / Mt 9,1-8

“...la gente alababa a Dios, que da a los hombres tal potestad ”

Viernes:  Am 8,4-6.9-12 / Sal 119 (118) / Mt 9,9-13

“No tienen necesidad de médico los sanos... ”

Sábado:  Am 9,11-15 / Sal 85 (84) / Mt 9,14-17

“¿Es que pueden estar tristes los invitados a la boda mientras el novio está con ellos?”

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