Juan-81-11

Dramática escena del evangelio de San Juan. Hay dos hechos innegables: la mujer que le traen a Jesús fue sorprendida en adulterio, y la ley no deja lugar a dudas. La penalidad por el adulterio es la muerte, una muerte brutal, apedrearla hasta que muera.

La pregunta de los letrados y fariseos tampoco es algo innegable: el deseo de averiguar la opinión de Jesús confrontado con la clara letra de la ley. San Juan indica que la pregunta persigue comprometer a Jesús y tener de qué acusarlo.

Jesús, creen los fariseos, tiene dos alternativas: decir que está de acuerdo con la ley y con la sentencia o pedir clemencia, yendo en contra de lo requerido por  la ley. Si Jesús se acoge a la primera alternativa, su fama de hombre misericordioso queda en entredicho. Si se acoge a la segunda, se hace candidato a ser ajusticiado por violación de la ley.

En la lógica de los fariseos solamente existen dos alternativas: ganar o perder. Jesús va a escoger una tercera: no juzgar. Sin responder al insistente reclamo, Jesús se inclina y comienza a escribir con el dedo en el polvo a sus pies.

Los fariseos continúan insistiendo al ver el poco caso que Jesús les hace. Por fin, Jesús se incorpora y les dice: “El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra”. Y continúa escribiendo en el suelo. Es legítima la curiosidad de saber qué era lo que Jesús escribía. El evangelio no la satisface; podemos sospechar que el contenido del escrito de Jesús tenga algo que ver con la invitación a tirar la primera piedra.

Con su respuesta, Jesús invitó a los fariseos a un cambio radical de actitud. A pasar de la condenación a la misericordia. A sentirse hermanos pecadores junto con la pecadora oficial. Ellos no aceptan la invitación. Por lo menos tuvieron un mínimo de decencia y ninguno se atrevió a tirar la primera piedra.

La misericordia no significa extender un permiso ilimitado al mal comportamiento. La síntesis de Jesús es un modelo para nosotros: No te condeno (un sí sin límites a la pecadora). No peques más (un no rotundo a su pecado). La integración de esas dos actitudes nos solidariza con el corazón misericordioso de Jesús.


CORRER HACIA LA META
      (Flp 3, 8-14)
Correr hacia la meta
es la misión de todo ser humano
que entrena como atleta,
y no derrocha en vano
el firme apoyo que le da su hermano.
Quien busca la Justicia
podrá estimar las cosas cual basura,
si tiene una caricia
que aliente su andadura
hasta alcanzar por fin Patria segura.

Radiante Luz de vida
alumbrará mi fe por el sendero
si no encuentro comida
ni hay agua en el estero
donde saciar mi sed de jornalero.
El premio del Amor
vendrá como sorpresa inesperada,
regalo del Señor,
que aprecia hasta mi nada
y de mi frágil condición se apiada.

Ora con la Palabra

 

Domingo 26 de junio: XIII del Tiempo Ordinario

 

Lc 9,51-62

“Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén (...) Te seguiré adonde vayas”.

Lunes:   Am 2,6-10.13-16 / Sal 50 (49) / Mt 8,18-22

“Sígueme”

Martes:  Am 3,1-8; 4,11-12 / Sal 5 / Mt 8,23-27

“¿Por qué tienen miedo, hombres de poca fe?”

Miércoles: Hch 12,1-11 / Sal 34 (33) / 2Ti 4,6-8.17-18 / Mt 16,13-19

“Tú eres Pedro, y te daré las llaves del Reino de los cielos”.

Jueves:   Am 7,10-17 / Sal 19 (18) / Mt 9,1-8

“...la gente alababa a Dios, que da a los hombres tal potestad ”

Viernes:  Am 8,4-6.9-12 / Sal 119 (118) / Mt 9,9-13

“No tienen necesidad de médico los sanos... ”

Sábado:  Am 9,11-15 / Sal 85 (84) / Mt 9,14-17

“¿Es que pueden estar tristes los invitados a la boda mientras el novio está con ellos?”

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