Juan-660-69

Jesús había llamado a 12 apóstoles, pero el grupo que lo seguía y acompañaba era mucho mayor. En una ocasión, envió en misión  a 72 discípulos. ¿Cuál era la relación de cada uno con Jesús? Sería un vínculo basado en la fe -pensamos-, en la confianza. Pero  llegados al final del capítulo 6, nos damos cuenta de que algo extraño pasa. Tras un tiempo de seguimiento, estalla una crisis y  muchos optan por no seguir a Jesús. ¿Se desmorona su liderazgo? ¿Podrá mantener la integridad del grupo?

Nunca entendió Jesús que su misión la pudiera realizar sin otros y otras a su lado. El objetivo no era proyectar una imagen de  popularidad. Con sus idas y venidas en compañía levantaba el signo de que el Reino comprendía el surgimiento del nuevo pueblo de Dios, que había comenzado a fraguar en una comunidad de discípulos, de seguidores dispuestos a salir hacia los demás para  anunciar el evangelio.

El Reino no crece mecánicamente, por simple adición y articulación de partes. El pan de vida del Reino se cuece en un seguimiento  personal de Jesús, en relación estrecha con Él, en comunión de valores, aspiraciones y afectos. No basta con “andar” con el grupo.  Cada discípulo/a tiene que tener su conexión directa con el Maestro. Si no, le faltará la savia que lo une al grupo a través de Jesús. Y la rama sin savia termina por desprenderse y ser echada al basurero.

El discurso del Pan de Vida, tras la multiplicación de los panes, puso en claro que para anunciar la Buena Noticia no basta con comerlo. El Pan de Vida es para alimentarse de Jesús y  mantenerse en seguimiento del que riega la Palabra. Hablar de vivir en comunión con Jesús provocó la crisis entre los que andaban más detrás del pan multiplicado que del Pan  interiorizado. Y Jesús no temía perder popularidad. Buscaba discípulos y apóstoles, no “masa”; creyentes capaces de crecer en su fe, como la semilla del Reino.

Vivir el Evangelio en parroquia, en el barrio, en Iglesia, será siempre algo que crece en torno a un eje: desde lo profundo de mi conciencia y afectos y a partir del centro de una  comunidad de fe, bien pegada a Jesús, a su mismo Corazón, a sus convicciones y sentimientos. Lo que no tenga esa consistencia, no llega a Jerusalén, se queda por el camino. 

UN GRAN MISTERIO
    (Ef 5, 21-32)
No hay nadie sometido
entre aquellos que buscan libertad:
igual es el marido
amante de verdad,
que la esposa al vivir fidelidad.
Hijos de Dios, salvados
en la Iglesia por Cristo Redentor,
no están encadenados
si no es con el amor
que a todos hace libres sin temor.

Con toda reverencia
se amarán el esposo y la mujer, 
pues tienen la conciencia
del único querer
al conformar los dos un solo ser.
Así, la Iglesia y Cristo,
formando un solo Cuerpo por su unión,
a todos han provisto
de gracia y comunión
en este gran misterio de elección.

Ora con la Palabra

 

Domingo 12 de septiembre: XXIV del Tiempo Ordinario

 

Mc 8,27-35

“...El que quiera seguirme, que renuncie a sí mismo, tome su cruz y me siga”

Lunes:  1 Tm 2,1-8 / Sal 28 (27) / Lc 7,1-10

“Al oír estas palabras, Jesús quedo admirado…”

Martes: Exaltación de la Santa Cruz
 
Nm 21,4b-9 o Fil 2,6-11 / Sal 78 (77) / Jn 3,13-17

“¡Así amó Dios al mundo! Le dio al Hijo Único…”

Miércoles:   1 Tm 3,14-16 / Sal 111 (110) / Lc 7,31-35

“...la reconocen en su manera de actuar”

Jueves:   1 Tm 4,12-16 / Sal 111 (110) / Lc 7,36-50

“...Tu fe te ha salvado, vete en paz”

Viernes:   1 Tm 6,2c-12 / Sal 49 (48) / Lc 8,1-3

“...iba recorriendo ciudades y aldeas predicando…”

Sábado:   1 Tm 6,13-16 / Sal 100 (99) / Lc 8,4-15

“...la guardan y, perseverando, dan fruto”

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