Juan-641-51

Por tercer domingo consecutivo somos testigos del tenso y extenso intercambio de Jesús con representantes de la religión judía (Jn 6). Después de cuestionar a Jesús sobre su origen y el valor de su Palabra respecto de la Ley de Moisés, las críticas son dirigidas ahora a su persona y a su capacidad para responder al ansia de vida de quien busca a Dios como fuente.

En repetidas ocasiones los interlocutores religiosos de Jesús le pedían “signos”, acciones extraordinarias que demostraran su autoridad y su condición de enviado de Dios. Con ello, buscaban emplazarlo y forzarlo a probar en el laboratorio de “cosas divinas” su dominio de los conjuros que producirían el milagro, lo sobrenatural. Si Jesús los hubiera complacido, habrían tenido problema en extenderle la patente de mesías y, por la misma vía, ponerlo al frente de ellos como caudillo de sabios y perfectos.

“No critiquen”, les aconseja Jesús. No se queden fuera, espectadores que no aplaudirán si no les hacen el truco estipulado para titularse de mago. La alternativa a la crítica exteriorizante es entrar en la experiencia profunda que Jesús pide a sus discípulos: dejarse atraer por el Padre. Cuando es sincera, la verdadera búsqueda de Dios se transforma en seguimiento de Jesús, del Hijo. El peregrino de corazón se vuelve discípulo. El Padre no muestra, a quienes lo buscan, otro destino que no sea vivir como Jesús. A su vez, Jesús no pide otra respuesta de quien lo sigue que dejarse atraer al Padre.

Creer es la manera de entrar a tomar parte en ese diálogo entre Jesús y su Padre. Amar será la vía para reproducir en nuestra vida el trato del Señor con el pobre, el necesitado, el excluido y el que sufre. Una vida que transcurre por esos rieles de fe y amor se va llenando de un sentido nuevo, de dirección, de propósito. Porque nada puede derrotar ni hacer cesar el impulso de vida que Jesús trasmite. Es una vida eterna que solo Él puede ofrecer porque brota de la amistad con su persona. Esperar es la vía para tender hacia ese futuro que nos aguarda: el cara a cara con Jesús y con su Padre en el ámbito del Espíritu, la certeza de que veremos como somos vistos, de que seremos para siempre con Aquel y como Aquel que venció a la muerte.


VIVIR EN EL AMOR
 (Ef. 4, 30 - 5, 2)

La vida espiritual
comienza con regalos por amor:
el agua bautismal
y el nombre del Señor
nos limpian, nos fecundan, dan vigor…
Seguimos a Jesús
tras las huellas que deja en el sendero,
llevamos nuestra cruz
en pos del compañero
que carga sobre sí nuestro madero.

Dejemos los enfados,
enojos, ira, insultos y amargura;
vivamos consolados
con celestial ternura
por el Amor que mana gracia pura.
Como hijos muy queridos,
buscamos ser del Hijo imitadores,
del Padre bendecidos
para sembrar amores
que el Espíritu da con sus favores.

Ora con la Palabra

 

Domingo 12 de septiembre: XXIV del Tiempo Ordinario

 

Mc 8,27-35

“...El que quiera seguirme, que renuncie a sí mismo, tome su cruz y me siga”

Lunes:  1 Tm 2,1-8 / Sal 28 (27) / Lc 7,1-10

“Al oír estas palabras, Jesús quedo admirado…”

Martes: Exaltación de la Santa Cruz
 
Nm 21,4b-9 o Fil 2,6-11 / Sal 78 (77) / Jn 3,13-17

“¡Así amó Dios al mundo! Le dio al Hijo Único…”

Miércoles:   1 Tm 3,14-16 / Sal 111 (110) / Lc 7,31-35

“...la reconocen en su manera de actuar”

Jueves:   1 Tm 4,12-16 / Sal 111 (110) / Lc 7,36-50

“...Tu fe te ha salvado, vete en paz”

Viernes:   1 Tm 6,2c-12 / Sal 49 (48) / Lc 8,1-3

“...iba recorriendo ciudades y aldeas predicando…”

Sábado:   1 Tm 6,13-16 / Sal 100 (99) / Lc 8,4-15

“...la guardan y, perseverando, dan fruto”

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