Marcos-426-34

Con la celebración de este domingo 11º del TO, retomamos la lectura dominical del evangelio de Marcos, que estuvimos leyendo hasta la entrada de la Cuaresma.

Son los primeros tiempos de la evangelización. La predicación y las enseñanzas del Maestro se centran en el tema del Reino de Dios. Después de las parábolas del sembrador (Mc 4, 1-20), la lámpara y la medida (Mc 4, 21-25), Jesús nos presenta la semilla que crece por sí sola y la mostaza. Ambas hablan de cómo lo pequeño y lo humilde despliegan en lo cotidiano y oculto una dinámica de crecimiento y una capacidad para albergar en sí las promesas de las realidades de este mundo hasta darles su sentido pleno.

El anuncio del Reino está llegando a sus primeros destinatarios, gente pequeña como semillas. Jesús no se desespera al tener delante todo un mundo, un inmenso terreno en que deberá caer la semilla y ser acogida antes de que arranque en ella esa dinámica de crecimiento. Confía en que sus oyentes sabrán descubrir en la pequeñez el germen de una nueva visión del mundo, que deberán cultivar con amor y paciencia, sin escandalizarse de que el Reino -destinado a ser lo más abarcador- arraigue y se yerga a nivel de lo minúsculo.

El sembrador riega la semilla, que crece ‘sin que él sepa cómo’. Dios, que se comporta cual trabajador, se ocupa de acompañar la nueva vida, de alentarla y verificar que se diversifique y se vuelva compleja. Lo nuevo, que se gesta anónimamente, lo hará siempre en semejanza al Hijo de Dios hecho hombre, Jesús, el portador del ADN del Reino, por quien fueron hechas todas las cosas.

Lo que se inicia en el mundo desde el silencio y la profundidad de Dios -semilla, plántula- también tendrá su término y plenitud, su elocuencia, en el fruto que aparecerá para contener y expresar lo valioso de la humanidad, en tanto tenga la marca y el sabor de las bienaventuranzas. El Reino que se inicia, será capaz de alimentar, apoyar, dar continuidad a todo lo inconfundiblemente humano: lo que merezca permanecer y durar a lo largo de la historia, hasta lograr sentar a la mesa del banquete del último día cuanto muestre el rostro en que comulgan lo humano y lo divino, la libertad y la gracia, lo insignificante y lo infinito, lo enteramente justo y lo absolutamente misericordioso.

      CLAROSCURO
      (2Cor 5, 6-10)
Fueron dados nuestros cuerpos al destierro
y aun así nuestras vísceras sabían:
que podemos ser marcados por el hierro,
nuestras almas, tras de Ti, perdurarían.

La existencia sobreviene en un ocaso
que pervive entre cálido y agreste.
El más grande de tus hijos salió al paso,
devolviéndonos la vista a lo celeste.

Pero, ¿quién es esta criatura a quien brindaste
una fe revestida por sus obras?
¿Qué, en temor, consintió lo que le diste
trascendiendo una vida de zozobras?

Es apenas levadura entre tus manos.
En tu Juicio, Señor, lees su historia,
son mortales los quicios de sus años,
Mas con un corazón hecho a tu gloria.

Ora con la Palabra

 

Domingo 12 de septiembre: XXIV del Tiempo Ordinario

 

Mc 8,27-35

“...El que quiera seguirme, que renuncie a sí mismo, tome su cruz y me siga”

Lunes:  1 Tm 2,1-8 / Sal 28 (27) / Lc 7,1-10

“Al oír estas palabras, Jesús quedo admirado…”

Martes: Exaltación de la Santa Cruz
 
Nm 21,4b-9 o Fil 2,6-11 / Sal 78 (77) / Jn 3,13-17

“¡Así amó Dios al mundo! Le dio al Hijo Único…”

Miércoles:   1 Tm 3,14-16 / Sal 111 (110) / Lc 7,31-35

“...la reconocen en su manera de actuar”

Jueves:   1 Tm 4,12-16 / Sal 111 (110) / Lc 7,36-50

“...Tu fe te ha salvado, vete en paz”

Viernes:   1 Tm 6,2c-12 / Sal 49 (48) / Lc 8,1-3

“...iba recorriendo ciudades y aldeas predicando…”

Sábado:   1 Tm 6,13-16 / Sal 100 (99) / Lc 8,4-15

“...la guardan y, perseverando, dan fruto”

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