Marcos-1412-16.-22-26La fiesta de hoy, el Cuerpo y la Sangre de Cristo, nos remonta a un episodio en la vida de Jesús que trasciende el momento histórico narrado por el evangelio. Jesús es consciente de la violencia que se va preparando contra Él. Ha desafiado con su palabra y sus acciones a las autoridades religiosas y civiles de su tiempo. No tiene la menor ilusión de poder escapar de los lazos que se van tejiendo a su alrededor.

Frente a esa violencia, Jesús no recurre a su poder divino para destruir a sus adversarios. No se esconde ni se refugia en un lugar tranquilo, lejos del conflicto. En el ambiente religioso de la fiesta de Pascua que se aproxima, Jesús va ser fiel a la tradición de la cena de Pascua. La memoria del Éxodo congrega a los israelitas en una cena que simboliza ese largo trayecto por el desierto hacia la tierra prometida, hacia la libertad.

Jesús va a dar a esa cena celebrada con sus discípulos antes de morir, un significado que a la vez respeta la tradición y la supera de manera no concebible para los judíos. Las palabras que pronuncia sobre el pan y el vino, que repetimos en cada eucaristía, son palabras con vida. Al decir “Tomen, esto es mi cuerpo” y “Esta es mi sangre derramada por ustedes”, da a estas realidades cotidianas de pan y vino una nueva dimensión.

El gesto de la Última Cena, celebrado en el presente, recoge todo el pasado de Jesús, toda su vida y su ministerio. Jesús fue pan de vida durante todo su caminar. Al mismo tiempo, este gesto mira hacia el futuro. El futuro inmediato que será el derramamiento de su sangre; pero también nuestro futuro. “Cada vez que hagan esto, háganlo en memoria mía”.

No es simplemente un recuerdo nostálgico del pasado. Es un recuerdo que hace presente la entrega salvadora de la vida de Jesús, de su pasión y de su muerte.

El símbolo del pan y del vino de la Última Cena estaba cargado de vida. Para que nuestras eucaristías no sean símbolos muertos, tiene que ser cierto que también nosotros nos entregamos a nuestros hermanos para ser alimento. La verdad de la Eucaristía no se juega en el esplendor de la liturgia. Se juega en la vida ordinaria que la precede.


SANGRE PURIFICADORA
      (Heb 9, 11-15)
¿Quién podrá liberarnos?
¿Quién purificará nuestra conciencia?
Jesús puede salvarnos
y entregarnos su herencia
al derramar su sangre con clemencia.
Él es nuestro Pontífice,
entre Dios y los hombres Mediador,
de redención Artífice,
de paz el Sembrador,
y da su vida al mundo con Amor.

Ofrece el Sacrificio
una vez para siempre en el Altar,
y deja el beneficio
que hemos de administrar
como fuente de gracia y bienestar.
Esta Sangre divina
nos devuelve el vigor y la pureza,
y alivia a quien camina
buscando la belleza
que Dios esconde en llagas de pobreza.

Ora con la Palabra

 

Domingo 12 de septiembre: XXIV del Tiempo Ordinario

 

Mc 8,27-35

“...El que quiera seguirme, que renuncie a sí mismo, tome su cruz y me siga”

Lunes:  1 Tm 2,1-8 / Sal 28 (27) / Lc 7,1-10

“Al oír estas palabras, Jesús quedo admirado…”

Martes: Exaltación de la Santa Cruz
 
Nm 21,4b-9 o Fil 2,6-11 / Sal 78 (77) / Jn 3,13-17

“¡Así amó Dios al mundo! Le dio al Hijo Único…”

Miércoles:   1 Tm 3,14-16 / Sal 111 (110) / Lc 7,31-35

“...la reconocen en su manera de actuar”

Jueves:   1 Tm 4,12-16 / Sal 111 (110) / Lc 7,36-50

“...Tu fe te ha salvado, vete en paz”

Viernes:   1 Tm 6,2c-12 / Sal 49 (48) / Lc 8,1-3

“...iba recorriendo ciudades y aldeas predicando…”

Sábado:   1 Tm 6,13-16 / Sal 100 (99) / Lc 8,4-15

“...la guardan y, perseverando, dan fruto”

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