Juan-1220-23


La situación dramática de Jesús aparece con mucha claridad en esta escena. Mientras las autoridades judías lo critican, cercan y acosan, el pueblo lo acoge, escucha y protege. Su fama se había extendido por las naciones vecinas. Hasta unos griegos venidos de otra nación quieren verlo.

Jesús no se deja desorientar por la fama, ni por la angustia profunda que siente en este momento. Les cuenta a Andrés y a Felipe una pequeña parábola que expresa su experiencia interior. El grano que se muere en el surco se salva y da mucho fruto, el que se queda seguro en las manos del campesino se pierde.

Jesús es humilde, y no tiene dificultad en contar a sus amigos, Felipe y Andrés, el miedo que lo agita y lo zarandea por dentro. Él no es inmune a las emociones dolorosas que le nublan el futuro. En ese momento Jesús se siente como un grano de trigo en el fondo del surco; la tierra del poder empieza a caer lentamente sobre Él hasta sepultarlo. Vive una lucha dentro de sí mismo y elige una opción de mucha lucidez. Hay una lucha entre el éxito y la fecundidad, que en este

momento son dos cosas diferentes. El éxito le da fama, la gente lo busca y lo aplaude. La fecundidad exige ser enterrado en una apariencia de fracaso total, para dar mucho fruto, mucha vida a los demás.

De esta manera, Jesús da gloria al Padre, no callando ni disimulando el anuncio del Reino de la vida verdadera, sino entregándose con un amor fel que implica la muerte, pero que no puede ser destruido por ella. El amor resucita. Dios muere para que el hombre viva. La gloria de Dios es que nosotros vivamos, superando angustias y cruces.Hace unos días me decía una madre que acababa de sacar a su hijo de cuidados intensivos: “En el rostro de mi hijo he visto la gloria de Dios”. Como dice San Ireneo: “La gloria de Dios es que el hombre viva”.

En esta parábola Jesús expresa que ha procesado su angustia, que ha comprendido el momento que vive, y que ha aceptado ser enterrado, dejando la fecundidad de su vida en las manos del Padre. Jesús ha escogido la fecundidad de la muerte, en vez del éxito que brillaría como una joya falsa en el cuello de la superficialidad.


APRENDIÓ A OBEDECER
      (Heb 5, 7-9)
En su vida mortal
pasó como si fuera uno de tantos,
un cualquiera normal,
que con gritos y llantos
imploraba a su Padre en los quebrantos.
El dolor lo convierte
en Siervo que en la angustia fue escuchado,
y libre de la muerte,
sufriendo ha rescatado
a todos los que oprime su pecado.

Aprendió la obediencia
sufriendo la calumnia y el olvido,
con la inmensa paciencia
de quien se ha convertido
en autor de salud por Dios querido.
El Siervo padeció
y deja a sus testigos el mensaje
del Hijo que aprendió
con humilde coraje
que debe obedecer el que se abaje.

Ora con la Palabra

 

Domingo 18 de abril: III de Pascua

 

Lc 24,35-48

“...debe proclamarse en su nombre el arrepentimiento y el perdón...”.

Lunes:   Hch 6,8-15 / Sal 119 (118) / Jn 6,22-29

“...Él ha sido marcado con el sello del Padre”.

Martes:   Hch 7,51al 8,1 / Sal 31 (30) / Jn 6,30-35

“...Yo soy el pan de vida”.

Miércoles:  Hch 8,1-8 / Sal 66 (65) / Jn 6,35-40

“...yo lo resucitaré en el ultimo día”.

Jueves:   Hch 8,26-40 / Sal 66 (65) / Jn 6,44-51

“Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo”.

Viernes:   Hch 9,1-20 / Sal 117 (116) / Jn 6,52-59

“El que coma este pan vivirá para siempre”.

Sábado:  Hch 9,31-42 / Sal 116 (115) / Jn 6,60-69

“...nadie puede venir a mí si no lo concede el Padre”.

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