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 El evangelio de hoy comienza con un violento enfrentamiento de Jesús con los vendedores del templo. Sorprende la reacción de Jesús, ordinariamente tan pacífico: saca a latigazos a los cambistas y les vuelca las mesas. “No hagan de la casa de mi Padre una casa de mercado”. En muchas ocasiones, vemos a Jesús responder con mansedumbre a ataques que le hacen. No se altera ni responde con violencia. Para entender esta reacción de Jesús en el templo, tenemos que darnos cuenta de que Él no responde a ningún ataque personal. Lo que está en juego es el honor del Padre. La ira de Jesús viene de la grave falta de respeto al templo, la casa del Padre.

Hay un segundo enfrentamiento, no menos violento, con las autoridades judías que piden a Jesús un signo para justificar su comportamiento. Su respuesta no es entendida: “Destruyan este santuario y en tres días lo levantaré”. Jesús habla del santuario de su cuerpo, mientras sus adversarios creen que les habla del templo de Jerusalén, construido en cuarenta y seis años.

Nos dice San Juan que sus discípulos se acordaron de estas palabras después de la resurrección y creyeron en las Escrituras y en las palabras de Jesús.

Añade el evangelista que muchos en Jerusalén creyeron en Él por los signos que realizaba; pero observa con tristeza que Jesús no les tenía confanza “porque los conocía a todos”. No tenía necesidad de que nadie le diera testimonio de los hombres porque “Él conocía lo que hay en el hombre”. La “fe” a la que se refiere tiene que ver con el asombro que despiertan los milagros de Jesús. Más que fe es un deslumbramiento ante las señales milagrosas.

El evangelio de hoy nos hace varias advertencias. Se nos invita a no convertir nuestros templos en “casas de mercado”. Con frecuencia nos encontramos en las iglesias mesas donde se venden rosarios, medallas, biblias y otros objetos de devoción. Conviene ubicarlas en espacios adecuados donde se pueda adquirirlos sin dar esa sensación de “mercado religioso”.

La otra invitación es a examinar la calidad de nuestra fe en Jesús. También a menudo nuestra fe busca ver “señales” y se debilita cuando no se nos dan. La fe en Jesús tiene que descansar sobre su palabra y sobre la experiencia de su cercanía.

LOCURA DE LA CRUZ
  (1Cor 1,22-25)
La ciencia de la cruz
destruye y desbarata a los letrados
y les deja sin luz,
en la ilusión postrados
de amarrar la verdad a sus estrados.
¿Será sabiduría
celestial confundir a los expertos?
¿Tendrá la ley judía
escándalos tan ciertos
por declarar a Dios entre los
muertos?

¡Señor crucificado!,
escándalo supremo y necedad,
ya nos has trastornado
con otra novedad:
¡Estás vivo en gloriosa eternidad!
En este Dios creemos:
parece necio, débil, impotente;
sin embargo, sabemos
que está siempre presente
en todo el que lo sigue y es creyente

Ora con la Palabra

 

Domingo 18 de abril: III de Pascua

 

Lc 24,35-48

“...debe proclamarse en su nombre el arrepentimiento y el perdón...”.

Lunes:   Hch 6,8-15 / Sal 119 (118) / Jn 6,22-29

“...Él ha sido marcado con el sello del Padre”.

Martes:   Hch 7,51al 8,1 / Sal 31 (30) / Jn 6,30-35

“...Yo soy el pan de vida”.

Miércoles:  Hch 8,1-8 / Sal 66 (65) / Jn 6,35-40

“...yo lo resucitaré en el ultimo día”.

Jueves:   Hch 8,26-40 / Sal 66 (65) / Jn 6,44-51

“Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo”.

Viernes:   Hch 9,1-20 / Sal 117 (116) / Jn 6,52-59

“El que coma este pan vivirá para siempre”.

Sábado:  Hch 9,31-42 / Sal 116 (115) / Jn 6,60-69

“...nadie puede venir a mí si no lo concede el Padre”.

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