Marcos 9 2-10La entrada en la Cuaresma siempre empieza por ese cuadro crepuscular de las tentaciones de Jesús, evangelio del domingo pasado. Es su lucha contra el mal que se disfraza de bien para apartarlo del Reino que pronto anunciará. El paso a la escena de hoy, la transfguración del Señor, llena de luz y de esperanza, resulta inesperada. Ambas escenas, a su manera, resumen la vida de Jesús, misterio pascual, de cruz y de gloria.

En las tentaciones, el tentador habla a Jesús, quien le oye, pero sin dejar de escuchar y de optar por la voz del Padre, la única en que encuentra el sentido de su misión. En el monte de la transfiguración, el llamado Tabor, Jesús conversa con Moisés y Elías que le comunican el aliento del Primer Testamento y le animan a seguir a Jerusalén, a abrir camino con su vida sacrificada al nuevo pueblo que está por nacer al pie de la cruz y de la tumba de la resurrección. Son dos lugares cercanos, Calvario y cueva de la resurrección, pero contrastantes. Jesús los va entretejiendo en su propia vida, con paciencia y esperanza, mientras crece en la escucha del Padre que le acompaña desde dentro.

En el bautismo, el Padre habla a Jesús y le manifesta su complacencia en Él. En el Tabor, es a los apóstoles que habla y les manda escuchar al Hijo, que aprendan a hacerlo, tanto cuando les habla de cruz como cuando les muestra un destello de su gloria. Tiempo atrás, en Caná, ya María les había dicho que escuchar consiste en hacer lo que dice su Hijo.

Nuestra vocación bautismal es un camino de aprendizaje en la escucha de Jesús. Necesitamos distanciarnos de esa conversación cansona en que siempre pedimos –y a veces mandamos- al Señor a hacer lo que queremos. Y coger el camino de la escucha sincera, desarmada, en la que aprendemos a reeditar en nosotros la vida de Jesús, su capacidad para complacer al Padre en el servicio trabajoso de los hermanos y las hermanas.

En cada instancia en que la Iglesia opta por escuchar lo que le indica su Señor, aun en medio de persecuciones, termina fortaleciéndose. En cambio, cuando presta oídos al socialmente poderoso para complacerlo, su sal se desvirtúa. “Óptimo servidor tuyo, decía san Agustín, es el que no atiende tanto a oír de ti lo que él quisiera, cuanto a querer aquello que de ti escuchare” (
Confesiones, X, 37).

ELEGIDOS POR DIOS
   (Rom 8, 31-34)
Ni esclavos ni vasallos
nunca existen en Pueblo de elegidos,
pues solo tiene tallos
y brotes renacidos
la Libertad flial de redimidos.
¿Acusará a sus hijos
el Padre que les dio abundante herencia?
¿Tendrá sus ojos fjos
en culpas y falencia
olvidando el amor y la indulgencia?

¿Quién nos condenará,
si el Señor ya ha cumplido su promesa?
¿Quién nos apartará
de su festiva mesa
donde su amor gozoso nunca cesa?
La libertad gloriosa
resurgirá en la nueva primavera,
y se hace luminosa
la terrenal espera
hasta que el Padre bondadoso quiera.

Ora con la Palabra

 

Domingo 18 de abril: III de Pascua

 

Lc 24,35-48

“...debe proclamarse en su nombre el arrepentimiento y el perdón...”.

Lunes:   Hch 6,8-15 / Sal 119 (118) / Jn 6,22-29

“...Él ha sido marcado con el sello del Padre”.

Martes:   Hch 7,51al 8,1 / Sal 31 (30) / Jn 6,30-35

“...Yo soy el pan de vida”.

Miércoles:  Hch 8,1-8 / Sal 66 (65) / Jn 6,35-40

“...yo lo resucitaré en el ultimo día”.

Jueves:   Hch 8,26-40 / Sal 66 (65) / Jn 6,44-51

“Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo”.

Viernes:   Hch 9,1-20 / Sal 117 (116) / Jn 6,52-59

“El que coma este pan vivirá para siempre”.

Sábado:  Hch 9,31-42 / Sal 116 (115) / Jn 6,60-69

“...nadie puede venir a mí si no lo concede el Padre”.

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