Marcos-112-15Comienza el evangelio de Marcos afirmando que el Espíritu “empujó” a Jesús al desierto.Es decir, Jesús  sintió intensamente que tenía que ir al desierto para encontrarse con el Padre y clarifcar en la oración y en la soledad, sin interferencias de nadie, de qué manera tenía que anunciar el Reino de Dios. Mateo dice con fuerza que Jesús fue llevado al desierto para ser tentado. En el bautismo se había sentido el Hijo querido y elegido por el Padre, para dejar Nazaret y empezar una etapa nueva en su vida, el anuncio de la llegada del Reino de Dios. Pero, ¿cómo lo anunciaría?

La tentación ocupa un lugar muy importante en la vida cristiana. En el “Padre nuestro” pedimos: “No nos dejes caer en la tentación”. Nunca pedimos que no tengamos tentaciones. La tentación es necesaria para darnos cuenta de las fuerzas interiores que se mueven dentro de nuestro corazón. Si no nos damos cuenta, podemos ser arrastrados por corrientes negativas que se deslizan con fuerza por la superfcie de este mundo, hasta vernos girando sobre nosotros mismos, atrapados en remolinos que nos apresan, o defnitivamente presos, como tantos, en marasmos de muerte, de donde ya no somos capaces de salir.

Somos tentados de tres maneras: porque encontramos atractivo el mal que vemos fuera; por el mal que llevamos dentro de nosotros; o por la oscuridad con que, en determinadas ocasiones, el proyecto de Dios se va realizando en nuestro mundo. Jesús no fue tentado por el mal, sino por la oscuridad. Hasta el silencio del desierto llegaron a Jesús la expectativa del pueblo hambriento que solo buscaba pan, la exigencia de las autoridades de Jerusalén que querían signos milagrosos, como tirarse desde lo alto del Templo, y la pretensión del poder violento para echar a los romanos. Jesús venció al tentador en la soledad del desierto, para vencerlo después en la vida cotidiana cuando la gente lo tentaba.

En este tiempo de Cuaresma, podemos buscar momentos de soledad, de oración y discernimiento, para ver ahí, iluminados por el Espíritu, cuáles son las tentaciones que nos pueden paralizar, amargarnos, y desviarnos del camino de Jesús. En la oración también se nos iluminará por dónde crece ahora el proyecto de Dios en el ambiente en que vivimos, y sentiremos la alegría y la fortaleza de crear con Jesús la vida nueva y verdadera para todos.

LAS AGUAS BAUTISMALES
      (1 Pe 3, 18-22)
Murió aquel Inocente
para darnos la vida a los culpables,
y marca nuestra frente
con signos saludables
que curan nuestras almas vulnerables.
Fue Víctima y Señor
quien por nosotros fuera condenado,
pero es el Vencedor
que salva del pecado,
y, con su Cruz, al mundo ha liberado.

En medio de tormentas
cruzamos estos mares procelosos,
con aguas turbulentas
y riscos peligrosos,
agitados por vientos tenebrosos.
Las aguas bautismales
que manan en la fuente de su herida,
los nidos celestiales
que la Paloma cuida,
permitirán que el alma tenga vida.

Ora con la Palabra

 

Domingo 28 de febrero: II de Cuaresma

 

Mc 9,2-10

“...Este es mi Hijo, el Amado, escúchenlo”.

Lunes:   Dn 9,4b-10 / Sal 79 (78) / Lc 6,36-38

“No juzguen y no serán juzgados…”.

Martes:   Is 1,10.16-20 / Sal 50 (49) / Mt 23,1-12

“...el que se rebaja, será puesto en alto”.

Miércoles:  Jr 18,18-20 / Sal 31 (30) / Mt 20,17-28

“...lo condenarán a muerte”.

Jueves:  Jr 17,5-10 / Sal 1 / Lc 16,19-31

“...no se convencerán”.

Viernes:  Gn 37,3-4.12-13.17-28 / Sal 105 (104) / Mt 21,33-43.45-46

“...tuvieron miedo del pueblo…”.

Sábado:  Mq 7,14-15.18-20 / Sal 103 (102) / Lc 15,1-3.11-32

“...estaba perdido y ha sido encontrado”.

INTENCIONES DE ORACIÓN DEL SANTO PADRE

                      PARA MARZO DE 2021

  El Papa nos pide orar por: El Sacramento de la Reconciliación

Recemos para que vivamos el sacramento de la reconciliación

con renovada profundidad, para saborear la infnita misericordia de Dios.

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