Juan-135-42


Después de haber vivido con alegría las festas de Navidad, contemplamos cómo Jesús, cuando oraba después del Bautismo, recibe como Hijo muy querido y lleno del Espíritu, la misión de anunciar la llegada del Reino de Dios para todos. Jesús no sale solo y autosufciente a realizar su misión, deslumbrando con manifestaciones sin precedentes del poderío y la sabiduría de Dios. Esa manera de hablar ya Dios la realizó desde la creación del mundo, y la podemos contemplar en la belleza y sabiduría del universo y de las personas.

No fue bien recibida, de manera general, esta manifestación del Creador. El Hijo busca otro camino: el de una existencia pobre y humilde, en la que se acerca sencillo y vulnerable a todas las personas, visitándolas donde se encuentren, hasta en las pequeñas aldeas de campesinos pobres, perdidos en las soledades. En su casa sencilla de Cafarnaúm, siempre estará accesible para todos.

Jesús no es un moderno héroe de videojuegos, que solo y sin ayuda alguna, aparece de repente cuando los demás han fracasado y reduce a los enemigos. Esa figura no revelaría quién es Dios, quién es el Hijo, ni cuál es el camino del Reino de Dios, que se va gestando en las profundidades de cada corazón humano y de toda la historia. Jesús busca amigos, que se convertirán en discípulos, y desde esa comunidad nueva los enviará a anunciar el Reino. Sólo desde una comunidad se puede anunciar el Reino que viene a reconciliarlo todo.

Lo mismo que Jesús llama a discípulos con nombre y apellido y los va formando poco a poco, la primera lectura nos presenta un pasaje del Antiguo Testamento. El pequeño Samuel, que será un gran profeta, va entrando en el diálogo con Dios acompañado por Elí. De la misma manera, en el evangelio contemplamos que Jesús va formando el primer grupo de discípulos que se va congregando en torno a su persona.

También hoy, a cada uno de nosotros nos va formando el Señor, en el encuentro íntimo con Él y en medio de la comunidad, para que podamos anunciar la novedad del Reino de Dios en medio de su pueblo. Este supone una atención constante a este mundo que Dios ama de manera inagotable, para discernir su presencia creadora de vida en toda circunstancia, sin excluir nunca a nadie. Somos servidores de esa vida nueva.


CUERPOS CONSAGRADOS
(1 Co 6,13-15.17-20)
Tu cuerpo de creyente
ha sido redimido y consagrado
en la divina fuente
que te limpia el pecado
y te quita la sed si estás cansado.
Es fuente espiritual
que nos convierte en místico santuario,
y fluye el manantial
del profundo sagrario
transformando las almas a diario.

El Espíritu Santo
habita en nuestros cuerpos temporales,
pues Él nos quiere tanto
que deja a los mortales
saciar la sed eterna en sus brocales.
Seremos bendecidos
si alabamos a Dios con nuestras manos,
y siendo agradecidos
-como buenos cristianos-
servimos, cuerpo y alma, bien ufanos.

Ora con la Palabra

 

Domingo 28 de febrero: II de Cuaresma

 

Mc 9,2-10

“...Este es mi Hijo, el Amado, escúchenlo”.

Lunes:   Dn 9,4b-10 / Sal 79 (78) / Lc 6,36-38

“No juzguen y no serán juzgados…”.

Martes:   Is 1,10.16-20 / Sal 50 (49) / Mt 23,1-12

“...el que se rebaja, será puesto en alto”.

Miércoles:  Jr 18,18-20 / Sal 31 (30) / Mt 20,17-28

“...lo condenarán a muerte”.

Jueves:  Jr 17,5-10 / Sal 1 / Lc 16,19-31

“...no se convencerán”.

Viernes:  Gn 37,3-4.12-13.17-28 / Sal 105 (104) / Mt 21,33-43.45-46

“...tuvieron miedo del pueblo…”.

Sábado:  Mq 7,14-15.18-20 / Sal 103 (102) / Lc 15,1-3.11-32

“...estaba perdido y ha sido encontrado”.

INTENCIONES DE ORACIÓN DEL SANTO PADRE

                      PARA MARZO DE 2021

  El Papa nos pide orar por: El Sacramento de la Reconciliación

Recemos para que vivamos el sacramento de la reconciliación

con renovada profundidad, para saborear la infnita misericordia de Dios.

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