Marcos-17-11


Con este domingo pasamos de la Navidad, contemplación del nacimiento y primera infancia de Cristo, a la primera etapa del Tiempo Ordinario. La fiesta del bautismo del Señor es la bisagra que lleva de una a otro. De pronto, estamos camino al Jordán con Jesús, ya adulto, que deja el Nazaret de sus primeros 30 años para encontrarse con su precursor.

El bautizo es el debut
apostólico de Jesús. Antes de emprender el anuncio de la Buena Noticia, se suma a la ola de peregrinos de todo el país. Llegan movidos por una mezcla de curiosidad y espíritu penitencial, como pecadores que, al hundirse en las aguas del río, manifiestan su voluntad de cambiar a mejor. De Juan aprenden que su misión señala a Otro, que traerá un bautismo, no de agua, sino con Espíritu Santo. Ya está a la puerta.

El cambio en su propia persona a través de la conversión y del signo penitencial del bautismo no es lo que ha llevado a Jesús al Jordán. Se siente ser
El Hijo, en paz con su Padre. Pero sí desea acercarse a esa muchedumbre y hacerse uno con ellos, compartiendo su esperanza en busca de nueva vida.

El relato del evangelista Marcos no destaca tanto el bautismo, sino lo que sigue: apenas Jesús sale del agua, el cielo se “rasga”. Dios quiere decir algo sobre el bautizado. El Espíritu Santo se “derrama” sobre Jesús y se oye la voz del Padre expresar su complacencia con su Hijo. Es una escena trinitaria: el Padre y el Espíritu manifiestan su agrado ante la vida de Jesús, mientras Él se ofrece a la misión encomendada, la de anunciar la Buena Noticia del Reino y dar vida al mundo.

Jesús vive la comunión y la alegría del
Siervo de Yahvé en el libro de Isaías: “Tú eres mi hijo, en quien me complazco” (Is 42, 1).Esa vivencia, renovada en momentos venideros, lo sostendrá entre difcultades y amenazas. Pasará por todo sintiéndose hijo, El Hijo.

Con la entrada en el Tiempo Ordinario de la liturgia, que recorreremos por unas 5 semanas, contemplaremos a Jesús como el Hijo que busca complacer al Padre desde la misión encomendada: en todo amar y servir al Padre y a los hermanos.

Que esa conciencia de ser hermanos en Jesús nos acompañe cada día y nos motive a ser, en cada nueva situación de nuestra misión, hijos e hijas complacientes.


ESPÍRITU, AGUA Y SANGRE
           (1 Jn 5,1-9)
Quien vive en el amor
que Dios otorga, y cumple sus
mandatos,
gozoso y sin temor,
obtendrá buenos tratos
y no le faltarán recuerdos gratos.
Tenemos tres testigos
del Amor: agua y sangre concertadas,
como buenos amigos,
y las luces sagradas
del Espíritu Santo desplegadas.

Venceremos al mundo
por la fe que nos da plena victoria,
y con amor profundo
cuando hacemos memoria
del paso del Señor por nuestra
historia.
Daremos testimonio
del bautismo al vivir con alegría
y vencer al demonio
con la frme energía
que nos da la sagrada Eucaristía.

Ora con la Palabra

 

Domingo 4 de abril: Pascua de la Resurrección del Señor

 

Jn 20,1-9

“...¡Él debía resucitar de entre los muertos!”.

Lunes:   Hch 2,14.22-33 / Sal 16 (15) / Mt 28,8-15

“...Paz a ustedes”.

Martes:   Hch 2,36-41 / Sal 33 (32) / Jn 20,11-18

“...He visto al Señor y me ha dicho esto”.

Miércoles:  Hch 3,1-10 / Sal 105 (104) / Lc 24,13-35

“...el Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón”.

Jueves:  Hch 3,11-26 / Sal 8 / Lc 24,35-48

“Miren mis manos y mis pies: soy yo”.

Viernes:   Hch 4,1-12 / Sal 118 (117) / Jn 21,1-14

“...tomó el pan y se los repartió”.

Sábado:  Hch 4,13-21 / Sal 118 (117) / Mc 16,9-15

“...anuncien la Buena Nueva a toda la creación”.


¡FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN!

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