Lc-126-38

El Evangelio de hoy nos propone reposar la mirada sobre el misterio de la Encarnación.La Trinidad mira el mundo, donde Él sostiene todas las diferencias humanas que cuida cada segundo en una relación única. Es fundamental reconocer el don original que somos. Las cualidades se complementan con el don de los demás. Los límites, que duelen como una herida en carne viva, forman parte también de plan de salvación de Dios. Se abren como puertas, como una oración del cuerpo y del alma unidas, por donde entra en nuestra intimidad la comunión con Dios y con los demás seres limitados.

María escucha llena de asombro las palabras de Dios que le trasmite el ángel: “Alégrate, llena de Gracia, el Señor está contigo”. Cuando el Ángel le revela la propuesta de Dios, para que sea la Madre del Hijo encarnado, María le presenta su límite, y le pregunta cómo sucederá. Ella no vive con ningún hombre. La lucidez sobre nuestros límites ante cualquier situación es fundamental.

Nuestro Dios humilde, dialoga con la joven María, para respetar su libertad y pedir permiso. María tiene su propio proyecto personal, está enamorada de un joven de Nazaret llamado José y piensa casarse con él para formar una familia según el ideal que Dios ha trasmitido al pueblo judío a lo largo de toda su historia.

La imposibilidad de María será la posibilidad de Dios. La no convivencia con José, abre la vida de María a un embarazo enteramente venido del Espíritu. La mujer es la única que tiene la posibilidad de concebir una vida humana y cuidar ese embarazo hasta el parto, para que el Hijo sea un verdadero ser humano en esta tierra nuestra.

María ve claro. Ante lo que ella no puede hacer, dice: “Hágase en mí según tu palabra”. Y desde las cualidades que Dios le ha dado, se ofrece enteramente disponible para acoger y actuar en ese misterio que la supera enteramente: “He aquí la servidora del Señor”.

Nosotros tratamos de descubrir la novedad salvadora de Dios en nuestra propia persona y en nuestro pueblo. A Dios no lo paralizan nuestros límites, ni le desagrada nuestra pregunta: ¿Cómo será esto posible? No nos consideramos superhéroes de video juego. Somos vulnerables. Si abrimos nuestra persona  humildemente al don de Dios, también sentiremos la alegría de María, y a través de nosotros podrá realizarse lo imposible.


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EL MISTERIO REVELADO
      (Rom 16,25-27)
Misterio de la luz
que nos ciega y deslumbra con exceso;
misterio de la cruz
con el liviano peso
de Cristo condenado en mi proceso.
Misterio revelado
en noches de dolor y oscuridad,
que ha sido proclamado
con toda libertad
para que tenga luz la humanidad.

Misterio mantenido
por el Dios de la Historia en el secreto,
que ha sido conocido
cuando dictó el decreto
de hacer divino al hombre con respeto.
Ha brillado su estrella
para guiar a todas las naciones,
y en la noche destella
un Niño entre algodones
que viene a renovar los corazones.

Ora con la Palabra

 

Domingo 17 de enero: II del Tiempo Ordinario

 

Jn 1,35-42

“...vieron donde vivía, y pasaron con Él el resto del día…”.

Lunes:   Hb 5,1-10 / Sal 110 (109) / Mc 2,18-22

“...hay que echar el vino nuevo en cueros nuevos”.

Martes:   Hb 6,10-20 / Sal 111 (110) / Mc 2,23-28

“...tiene autoridad también sobre el sábado”.

Miércoles:  Hb 7,1-3.15-17 / Sal 110 (109) / Mc 3,1-6

“...su mano quedó sana”.

Jueves:  Hb 7,25 al 8,6 / Sal 40 (39) / Mc 3,7-12

“iTú eres el Hijo de Dios!”.

Viernes:  Hb 8,6-13 / Sal 85 (84) / Mc 3,13-19

“...eligió entre ellos a doce, para que lo acompañaran...”.

Sábado:  Hb 9,2-3.11-14 / Sal 47 (46) / Mc 3,20-21

“...decían que se había vuelto loco”.

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