MC-1333-37

Vigilar nuestras casas, nuestros caminos, nuestros movimientos, es hoy en día algo común y natural, dada la frecuencia de robos y de ataques imprevistos de malhechores que quieren aprovechar nuestros descuidos para asaltar o robar. Sin embargo, puede parecer extraño que Jesús alerte a sus discípulos para que ellos también sean atentos y vigilantes. Jesús previene a sus discípulos, no tanto contra los ladrones, sino más bien contra las tentaciones del maligno, que nos incita a hacer el mal y nos separa de Dios.

Este trozo del evangelio de Marcos es una llamada de alerta justamente contra aquello que puede parecer inocente y, no obstante, es dañino a nuestro bien espiritual. Un sentimiento de tristeza y soledad puede ser la encarnación de algo que nos aleja del Señor. Los pecados capitales constituyen una colección de redes,  cadenas y “marañas” espirituales que interferen en nuestra búsqueda de Dios. Ellos son
lujuria, ira, soberbia, envidia, avaricia, pereza y gula. Cada una de estas inclinaciones puede ser el malhechor que nos asalte al menor descuido y nos aleje de Dios, que es nuestro bien supremo.

En los tiempos de aislamiento por la pandemia que hemos sufrido a nivel mundial por varios meses, es necesario mantener viva nuestra fe en un Dios sanador y salvador, en el cual ponemos nuestra esperanza y nos ayuda a romper las redes que nos acosan. En este año es importante, para todos los que compartimos la fe, que el Adviento sea una época que nos ayude a renovar la confianza en Dios, que se hace hombre en Navidad para nuestra salvación. Al hacerse hombre, Dios se hace uno de nosotros, el Creador se reviste de criatura para conocernos mejor y para hacer posible que nosotros, seres humanos, lo comprendamos mejor. Vivamos más intensamente la vida humano-divina de Cristo Jesús y podremos vencer toda tristeza y sentido de lejanía de Dios.


ESPERAMOS SU VENIDA
      (1Cor 1,3-9)
Estamos en espera
y aguardamos gozosos su venida,
cuando el Señor lo quiera,
para alcanzar la Vida
con la gracia y la paz enriquecida.
Su amor hemos probado
cuando Dios nos llamó a participar
con Él a su costado,
en su mesa y altar,
del vino y pan que da como manjar.

Nos regala sus dones
y nos muestra su gran misericordia
con manifestaciones
de alegría y concordia
para borrar la culpa y la discordia.
Y con esta esperanza
marchamos los cristianos,
peregrinos
en la fugaz andanza,
por sendas y caminos
procurando evitar los desatinos.

Ora con la Palabra

 

Domingo 17 de enero: II del Tiempo Ordinario

 

Jn 1,35-42

“...vieron donde vivía, y pasaron con Él el resto del día…”.

Lunes:   Hb 5,1-10 / Sal 110 (109) / Mc 2,18-22

“...hay que echar el vino nuevo en cueros nuevos”.

Martes:   Hb 6,10-20 / Sal 111 (110) / Mc 2,23-28

“...tiene autoridad también sobre el sábado”.

Miércoles:  Hb 7,1-3.15-17 / Sal 110 (109) / Mc 3,1-6

“...su mano quedó sana”.

Jueves:  Hb 7,25 al 8,6 / Sal 40 (39) / Mc 3,7-12

“iTú eres el Hijo de Dios!”.

Viernes:  Hb 8,6-13 / Sal 85 (84) / Mc 3,13-19

“...eligió entre ellos a doce, para que lo acompañaran...”.

Sábado:  Hb 9,2-3.11-14 / Sal 47 (46) / Mc 3,20-21

“...decían que se había vuelto loco”.

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