Mt-25-31-46

Llegados al último domingo de nuestro año de celebraciones en torno a la persona de Jesús, su Palabra y su presencia en medio de la Iglesia, el evangelio nos presenta un fresco impresionante, el capítulo 25 de Mateo, que revela el momento final de la historia, el llamado "juicio a las naciones".

Es la última enseñanza de Jesús en público. Se le considera una visión profética, una revelación que identifica la clave o el eje que divide transversalmente la historia humana. Todas las naciones comparecen ante el Hijo del hombre, Jesús, servidor humilde, sacrificado por sus hermanos y hermanas. Ahora, después de tantas caminatas con la humanidad, aparece como rey, el único capaz de reinar porque primero fue capaz de servirnos como nadie más lo hubiera hecho; como el que puede guiarnos e inspirarnos, porque sabe hacerlo desde dentro, trabajando con nuestra libertad, y no desde fuera, al margen de nuestras aspiraciones más profundas.

Comparecen las naciones, pero no se reúnen por países, ni por religiones, ni por culturas o instrucción, ni por sus riquezas o desarrollo de sus sociedades. Todos se reparten en dos categorías según un criterio de servicio y misericordia, el modo de proceder del servidor humilde, que se hizo prójimo de todo el que sufría para redimirlo de su cruz. Cada persona que haya servido a los más humildes -desde abajo, como Jesús al lavar los pies a sus discípulos-, ahora se descubre como semejante al servidor, como afín a Él. Pero al ser llamado a recibir la bendición por su proceder histórico, se sorprende al saber que en cada uno de los humildes a los que sirvió, lo hizo al mismísimo siervo que ahora aparece como rey.

El juicio final termina como buena noticia para todo el que vivió a la manera de Jesús; en cambio, como pésima constatación para quien no quiso servir. En cada uno de los humildes que ignoró en su vida, lo había estado esperando, necesitado y adolorido, el Rey, que ahora muestra su rostro feliz de servidor que reina por el amor. Tarde de sorpresas esa, en la que “seremos juzgados de amor” (San Juan de la Cruz). Que ese día podamos saltar de gozo al saber que no estuvimos tan alejados de servir a los más humildes y al Rey-Servidor, que se revistió de ellos a lo largo de la historia.


      REY DE REYES
    José Antonio Olivar,
en “Navidad sin pandereta”


Lo esperaban como rico
y habitó entre la pobreza;
lo esperaban poderoso,
y un pesebre fue su hogar.
Lo esperaban un guerrero,
y fue paz toda su guerra;
lo esperaban rey de reyes,
y servir fue su reinar.

Lo esperaban sometido,
y quebró toda soberbia;
denunció las opresiones,
predicó la libertad.
Lo esperaban silencioso,
su Palabra fue la puerta
por donde entran los que gritan,
con su vida la verdad.

Ora con la Palabra

 

Domingo 22 noviembre:Solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo

 

Mt 25,31-46

“Se sentará en el trono de su gloria y separará a unos de otros”.

Lunes:   Ap 14,1-3.4-5 / Sal 24 (23) / Lc 21,1-4

“Vio a una viuda pobre que echaba dos moneditas”.

Martes:   Ap 14,14-19 / Sal 96 (95) / Lc 21, 5-11

“No quedará piedra sobre piedra”.

Miércoles:  Ap 15,1-4 / Sal 98 (97) / Lc 21, 12-19

“Todos los odiarán por causa mía”.

Jueves:  Ap 18,1-2. 21-23; 19,1-3.9a / Sal 100 (99) / Lc 21,20-28

“Jerusalén será pisoteada por los gentiles”.

Viernes:   Ap 20,1-4. 11-21,2 / Sal 84 (83) / Lc 21,29-33

“Sepan que está cerca el Reino de Dios”.

Sábado:   Ap 22, 1-7/ Sal 95 (94)/ Lc 21,34-36

“Estén siempre despiertos”.

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