Mateo-51-12

 

En esta fiesta de todos los santos me gustaría reflexionar con ustedes sobre el signifcado de la santidad. La Iglesia reúne en una sola festa a todos los santos y santas que aparecen en el calendario litúrgico a lo largo del año. Estos son los santos que ha reconocido como personas que vivieron a plenitud las propuestas de Jesús. Se habla de virtudes heroicas, una vida fuera de lo común, más allá de lo que se espera de todo cristiano.

Pero, en un sentido más amplio, celebra también a una multitud innumerable de personas que no aparecen en los misales. Son los santos anónimos. Hombres y mujeres que fueron (y que son, los que todavía no han muerto) ejemplos a imitar.

Y, ampliando todavía más el horizonte, la Iglesia nos incluye a todos los seguidores de Jesús. Los que estamos llamados a ser santos.

Una persona no es santa porque no cometa pecados. Fuera de la Virgen María, los santos y santas fueron pecadores, como nosotros. La diferencia está en que las personas santas se atrevieron a creer mejor que nosotros en la inagotable bondad de Dios.

El evangelio de las bienaventuranzas, tomado del comienzo del sermón del monte, nos presenta un retrato de Jesús, el santo por excelencia. Él es el pobre de espíritu, el manso, el que tiene hambre y sed de justicia, el misericordioso, etc. La primera bienaventuranza, “Dichosos los pobres de espíritu”, resume todas. Pobre de espíritu es la persona que lo recibe todo de Dios como regalo. No es a la que le faltan cosas; es a la que le sobran cosas porque ha recibido lo esencial. Este es el signifcado de la santidad.

La fiesta de hoy encierra también un mensaje adicional, consolador. Nos recuerda la doctrina de la comunión de los santos. Formamos una gran familia llamada a la santidad. El esfuerzo de cada persona por vivir las bienaventuranzas enriquece la familia de los santos.

Aunque el día de mañana recordaremos a nuestros difuntos, hoy también los celebramos como los que fueron por delante, animándonos y haciendo camino en seguimiento de Jesús.

Al releer en el día de hoy el texto de las Bienaventuranzas, pedimos al mismo Jesús que nos las explique. La primera y la última nos recuerdan que ya desde ahora, en el presente, se nos regala el Reino de los cielos.


En la solemnidad de Todos los Santos y Santas

NACIDOS DEL AMOR PARA LA VIDA
Nacidos del amor para la vida,
vivieron un amor nunca acabado,
murieron un amor crucifcado
en una carne débil no abatida.

Hirieron con la sangre de su herida
el animal salvaje del pecado,
floreció su bautismo en el Amado
con una santidad comprometida.


Hombres como nosotros, compañeros
del silencio extasiado o de la guerra,
en la fatiga de todos los senderos.

Danos, Padre, gozar su compañía,
ser testigos del cielo aquí en la tierra
y, como ellos, vivir en agonía. Amén.

Himno de la Liturgia de las Horas

Ora con la Palabra

 

Domingo 22 noviembre:Solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo

 

Mt 25,31-46

“Se sentará en el trono de su gloria y separará a unos de otros”.

Lunes:   Ap 14,1-3.4-5 / Sal 24 (23) / Lc 21,1-4

“Vio a una viuda pobre que echaba dos moneditas”.

Martes:   Ap 14,14-19 / Sal 96 (95) / Lc 21, 5-11

“No quedará piedra sobre piedra”.

Miércoles:  Ap 15,1-4 / Sal 98 (97) / Lc 21, 12-19

“Todos los odiarán por causa mía”.

Jueves:  Ap 18,1-2. 21-23; 19,1-3.9a / Sal 100 (99) / Lc 21,20-28

“Jerusalén será pisoteada por los gentiles”.

Viernes:   Ap 20,1-4. 11-21,2 / Sal 84 (83) / Lc 21,29-33

“Sepan que está cerca el Reino de Dios”.

Sábado:   Ap 22, 1-7/ Sal 95 (94)/ Lc 21,34-36

“Estén siempre despiertos”.

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