Mateo-2234-40
El conocimiento es esencial. La pandemia del Covid-19 mostró crudamente la importancia de conocer lo que nos amenaza para defendernos. Pero no bastan ideas claras. Si la verdad conocida no es dinamizada por el amor, por la búsqueda del bien, se reduce a simple teoría, incapaz de generar vida.

Dios se da a conocer en su Palabra, en la Biblia. No como un manual para salvarse, sino como historia de salvación, como el relato de su amor por nosotros, que invita a integrarnos. Lo primero es conocer a Dios tal como Él se nos da a conocer. No como una proyección de aspiraciones o necesidades humanas, ni como fruto de nuestras elucubraciones. Lo conocemos cuando nuestra vida se modela según la de su Hijo Jesús, al asemejarse a la Suya.

La pregunta del maestro de la Ley a Jesús llevó a este a hablar del primer mandamiento, el de más trascendencia para relacionarnos con Él y para configurar nuestra vida con la suya. Y dio pie para que expresara su visión más profunda de lo que busca con el ser humano: no un simple Tú a tú, sino un Tú a nosotros, con nosotros y entre nosotros.


Gracias al cuestionamiento nada inocente del escriba, Jesús formuló la originalidad y singularidad propias del Evangelio. Que hay que amar a Dios, por un lado, y que, por otro, hay que amar al prójimo ya lo aprendimos del Primer Testamento. Pero que uno y otro se se hayan de vivir como realidad indisoluble, algo que no se puede separar sin alejarse de la fe cristiana, lo vinimos a saber por Jesucristo. Esto es lo medular del Evangelio. Si el primer mandamiento se aleja del segundo, habrá religión, pero no cristianismo; habrá fe, pero no seguimiento de Jesucristo.

Es propio del Evangelio jerarquizar los valores que articulan la vida humana. Para Jesús, todo mandamiento merece ser cumplido. No vino a echar abajo ninguno, pero sí aclaró que no todos son iguales. “Primero Dios que sus santos”, dicen los dominicanos a la hora de establecer prioridades. Para Jesús, Dios -el amor que nos ofrece, el amor que merece- va primero, pero ese amor no se da ni se vive separado del amor a los hermanos y hermanas. En esa conjunción -Dios
y el hermano- se fundamenta y se juega nuestra fe, nuestra vocación y nuestra felicidad.

   
  HUÉRFANOS Y VIUDAS
      (Ex 22, 20-26)
No oprimas al extranjero,
ni al huérfano, ni a la viuda;
otorga pronto tu ayuda
al pobre y al forastero.
Aplícate con esmero
a cumplir los mandamientos;
cultiva los sentimientos
de bondad y compasión
para amar de corazón
con obras y pensamientos.

Si alguien te pide prestado,
no entregues pan o dinero
con interés usurero
al que está necesitado.
Solo serás perdonado
si prestas con alegría,
porque el alma se vacía
cuando viene la avaricia
y en las monedas se envicia
con soberbia villanía.

Ora con la Palabra

 

Domingo 22 noviembre:Solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo

 

Mt 25,31-46

“Se sentará en el trono de su gloria y separará a unos de otros”.

Lunes:   Ap 14,1-3.4-5 / Sal 24 (23) / Lc 21,1-4

“Vio a una viuda pobre que echaba dos moneditas”.

Martes:   Ap 14,14-19 / Sal 96 (95) / Lc 21, 5-11

“No quedará piedra sobre piedra”.

Miércoles:  Ap 15,1-4 / Sal 98 (97) / Lc 21, 12-19

“Todos los odiarán por causa mía”.

Jueves:  Ap 18,1-2. 21-23; 19,1-3.9a / Sal 100 (99) / Lc 21,20-28

“Jerusalén será pisoteada por los gentiles”.

Viernes:   Ap 20,1-4. 11-21,2 / Sal 84 (83) / Lc 21,29-33

“Sepan que está cerca el Reino de Dios”.

Sábado:   Ap 22, 1-7/ Sal 95 (94)/ Lc 21,34-36

“Estén siempre despiertos”.

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