Mateo-2215-21

 

En varias ocasiones se pusieron de acuerdo los enemigos de Jesús para ponerlo en una situación en la que atraparlo y dejarlo sin palabras delante de la gente: “¿Hay que pagar impuestos al César?” Decir sí era reconocer al César que oprimía al pueblo judío. Decir no, lo situaba en confrontación con este y lo convertía en un personaje subversivo que podía ser llevado a los tribunales.

Cuando Jesús dice: “Den al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”, está afirmando en primer lugar que hay una diferencia entre Dios y el César. El emperador romano era considerado un dios y se comportaba como dueño absoluto de pueblos y personas. A su lado se movía la gente con liturgias y rituales. La fascinación y el miedo eran dos armas que se complementaban para oprimir. Esa manera de gobernar añadía un aire sagrado al temor que le tenían.

Jesús está diciendo en su respuesta que el César no es Dios. Confirma lo que el profeta Isaías nos recuerda en la primera lectura: “Yo soy el Señor y no hay otro; fuera de mí, no hay Dios”. El Dios que nos revela Jesús es cercano a la gente, no se mueve por las calles con poder, no oprime ni excluye. En vez de esperar que vengan a rendirle vasallaje, se acerca Él a toda persona, especialmente a las más despojadas; no para exigirles impuestos, sino para ofrecerles la vida verdadera, el don gratuito del Reino de Dios que surge por el centro de todos regalando vida nueva para transformar la sociedad entera.

Al mismo tiempo dice: “den al César lo que es del César”. En todos los pueblos hay una organización social para que la sociedad pueda evolucionar con justicia. Los cristianos también ayudamos en la construcción de la sociedad, pero no de una manera ciega y sumisa, sino colaborando, como los demás ciudadanos conscientes, en la búsqueda de la justicia y la libertad para todos.

En el encuentro con Jesús, obtenemos la sabiduría para formular las palabras y los gestos que abren la sociedad hacia un futuro nuevo, que no llega mágicamente como un regalo inesperado de Dios, sino inspirando y fortaleciendo la creatividad incesante que nadie puede arrancar del ser humano, pues brota desde el mismo Dios por el centro de nuestro corazón.

   
    ÚNICO SEÑOR
      (Is 45, 1-6)
Solo Dios tiene a su Ungido
con el sostén de su mano,
pues no hay rey ni miliciano
que lo tenga sometido.
Si Ciro no fue vencido
por tener su protección,
brindemos adoración,
honor, alabanza y gloria
a este Dios de la historia
que nos da la salvación.

Con un corazón sincero
a Dios hemos de servir,
porque Él nos suele pedir
entregarnos por entero.
Nacional o forastero
podrá escuchar su llamada,
pues Dios vence sin espada
y nos regala su amor:
es el único Señor
que acoge con su mirada.

Ora con la Palabra

 

Domingo 25 de octubre: XXX del Tiempo Ordinario

 

Mt 22,34-40

“...Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma…”.

Lunes:  Ef 4,32 al 5,8 / Sal 1 / Lc 13,10-17

“...la gente se alegraba por todas las maravillas que hacía”.

Martes:   Ef 5,21-33 / 128 (127) / Lc 13,18-21

“Es semejante a un grano de mostaza…”.

Miércoles:  Ef 2,19-22 / Sal 19 (18) / Lc 6,12-19

“...escogió de entre ellos a doce…”.

Jueves:  Ef 6,10-20 / Sal 144 (143) / Lc 13,31-35

“...al tercer día mi obra quedará consumada”.

Viernes:   Fil 1,1-11 / Sal 111 (110) / Lc 14,1-6

“...tocando al enfermo, lo curó y lo despidió”.

Sábado:  Fil 1,18-26 / Sal 42 (41) / Lc 14,1.7-11

“...el que se humilla será enaltecido”.

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