Mateo-221-14

 Hoy escuchamos otra parábola de las pronunciadas por Jesús tras entrar en Jerusalén, dirigidas a las autoridades religiosas.En ella se nos revela la esperanza de Dios Padre: que los responsables de la fe de Israel se alegraran con la presencia de su Hijo y se sumaran a su misión, así como la desilusión de solo encontrar rechazo. Jesús, el Hijo, aparece como el novio, deseoso de desposarse en una nueva y defnitiva alianza con su pueblo.Pero, la invitación personal de Dios es despreciada.

Ante el rechazo, el Padre –de amor pertinaz- no renuncia a la boda de su Hijo ni a la fiesta. Así ocurrió antes, cuando los nazarenos no se alegraron con la misión de su hijo más ilustre (Lc 4): Jesús, decidido, ni amargado ni deprimido, se abrió paso entre el orgullo ignorante de sus coterráneos y se alejó hacia las ovejas perdidas. En la parábola de hoy, el Padre abre puertas y envía mensajeros para que la alegría de la boda llegue a todos: la invitación a los excluidos de antes hace que el salón se llene. Ahora son muchos más lo llegados por la puerta de atrás que por la principal.

Tiempo después de Pentecostés, al formarse las primeras comunidades cristianas
en torno a Jesús Resucitado, las sinagogas judías se cerraron en banda al Evangelio predicado por los apóstoles. Los primeros evangelizadores, decididos, ni amargados ni deprimidos, se sacudieron de las sandalias el polvo de una dirigencia altanera y se dirigieron alegres y animosos a los pueblos paganos, sorprendidos por el gozo de saberse invitados a las bodas del Hijo de Dios ¡con ellos!

En su misión, los apóstoles y sus sucesores descubrieron que a la fiesta de Dios no se acude de cualquier manera. A ella se llega, sin duda, desde cualquier condición, cultura e historia humana. Pero no con ánimo “light”, superfcial. El interés se expresa con el “vestido de festa”: la condición de bautizado, la vivencia de la fraternidad, las manos curtidas por la construcción de la comunidad desde el arduo servicio cotidiano, el seguimiento de Jesús y la escucha orante de su voz a través de su Espíritu.

La invitación que un día nos llegó pide ser entregada por ti y por mí a muchos que no conocen al novio: Jesús. Tampoco que quien invita es Dios y mucho menos que sin ellos no hay fiesta. ¿Te animas a regar esa invitación?


BANQUETE DE FIESTA
      (Is 25, 6-10)
Dios nos prepara una festa
y nos invita a su casa,
donde el amor se rebasa
sobre la mesa dispuesta.
Espera nuestra respuesta
para darnos nueva vida,
pues a todos nos convida
por aliviar nuestra suerte
y librarnos de la muerte
el día de su venida.

Nos conduce a su pradera,
nos guía hacia el monte santo
donde las danzas y el canto
sacan los males afuera...
Con su vino de solera
brindamos por las naciones,
y alzamos los corazones
cuando un manjar suculento
se nos da como alimento
en celestiales mansiones.

Ora con la Palabra

 

Domingo 25 de octubre: XXX del Tiempo Ordinario

 

Mt 22,34-40

“...Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma…”.

Lunes:  Ef 4,32 al 5,8 / Sal 1 / Lc 13,10-17

“...la gente se alegraba por todas las maravillas que hacía”.

Martes:   Ef 5,21-33 / 128 (127) / Lc 13,18-21

“Es semejante a un grano de mostaza…”.

Miércoles:  Ef 2,19-22 / Sal 19 (18) / Lc 6,12-19

“...escogió de entre ellos a doce…”.

Jueves:  Ef 6,10-20 / Sal 144 (143) / Lc 13,31-35

“...al tercer día mi obra quedará consumada”.

Viernes:   Fil 1,1-11 / Sal 111 (110) / Lc 14,1-6

“...tocando al enfermo, lo curó y lo despidió”.

Sábado:  Fil 1,18-26 / Sal 42 (41) / Lc 14,1.7-11

“...el que se humilla será enaltecido”.

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