Mateo-18-21-35

Camino de Jerusalén, Jesús va instruyendo a sus discípulos sobre el conflicto y el perdón. Años más tarde, los apóstoles explicarían las mismas enseñanzas a sus comunidades, sacudidas en ocasiones por pareceres encontrados y conflictos externos.

La necesidad del perdón es planteada por Jesús en términos insospechados. La parábola del empleado perdonado presenta el perdón en las dos dimensiones del Padre Nuestro: “perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden”. El perdón incondicional del rey al empleado que había desfalcado el patrimonio real por un monto imposible de devolver a lo largo de una vida de trabajo, es vinculado por Jesús al minúsculo perdón que aquel niega a un pobre acreedor que debía el valor de tres meses de trabajo.Por no querer compartir la gracia recibida,la pierde. Un corazón inmisericorde no recuerda que fue perdonado primero.

El perdón es una dimensión de la vida que se nos replantea crudamente. El conflicto y los agravios surgen en el hogar, estallan en el trabajo, en las reuniones sociales, en lo económico y hasta en la política. Las ansias de venganza son voceadas en las redes sociales y en los organismos
mundiales, mezcladas con arengas que piden lavar con sangre las afrentas.

La exigencia de Jesús de perdonar incondicionalmente es un listón que raramente saltamos. Preferimos disimular esos conflictos y mantenerlos latentes. En realidad, el perdón al que Jesús invita -sin que el ofensor lo pida ni merezca- es lo único que puede limpiar esas esquinas llenas de basura emocional y traernos la paz.

El perdón extingue los conflictos e inspira arrepentimiento al perdonado. Solo él frena el remolino de violencia que genera el odio, si tenemos la valentía de perdonar aunque el vocerío callejero incite al desquite.

El perdón es una forma difícil, a veces heroica, del amor a los demás, la marca de la fe cristiana, que entendemos e interiorizamos al contemplar a Jesús en la cruz. Un don extremo que solo lo recibe quien se siente incondicionalmente perdonado por Dios y se atreve a reproducir en su persona un rasgo fundamental del modo de proceder de Jesús.

Acojamos este don del Espíritu Santo en lo más profundo del corazón, en el hogar y al interior de nuestra comunidad de fe y conoceremos la paz y la alegría. Atrevámonos a vivirlo fuera de la comunidad y seremos misioneros del amor.

PERDONAR LAS INJURIAS
    (Si 27, 33-28.9)
Olvida pronto la ofensa
y verás que tus pecados
también serán perdonados
con la divina defensa.
A tu prójimo dispensa
y no le guardes rencor.
Desecha de ti el furor
y muéstrate compasivo
como signo distintivo
de ser pobre y pecador.

Piensa que Dios es clemente
y mantiene su Alianza
para dar una esperanza
al corazón penitente.
Las culpas marcan tu frente,
pero también llevas Gracia.
De su perdón la efcacia
te libera de temores,
y si cometes errores,
con su remedio te sacia.

Ora con la Palabra

 

Domingo 22 noviembre:Solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo

 

Mt 25,31-46

“Se sentará en el trono de su gloria y separará a unos de otros”.

Lunes:   Ap 14,1-3.4-5 / Sal 24 (23) / Lc 21,1-4

“Vio a una viuda pobre que echaba dos moneditas”.

Martes:   Ap 14,14-19 / Sal 96 (95) / Lc 21, 5-11

“No quedará piedra sobre piedra”.

Miércoles:  Ap 15,1-4 / Sal 98 (97) / Lc 21, 12-19

“Todos los odiarán por causa mía”.

Jueves:  Ap 18,1-2. 21-23; 19,1-3.9a / Sal 100 (99) / Lc 21,20-28

“Jerusalén será pisoteada por los gentiles”.

Viernes:   Ap 20,1-4. 11-21,2 / Sal 84 (83) / Lc 21,29-33

“Sepan que está cerca el Reino de Dios”.

Sábado:   Ap 22, 1-7/ Sal 95 (94)/ Lc 21,34-36

“Estén siempre despiertos”.

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