Mateo-16-13-20La escena del evangelio de hoy, conocida como “la confesión de Cesarea”, nos lleva de Galilea,donde Jesús inició su ministerio, al camino que conduce a Jerusalén, donde entregará su vida.Es el centro del evangelio de Mateo, marcado por las preguntas que Jesús plantea a sus discípulos: ¿qué dice la gente de mí?, ¿qué dicen ustedes? No pregunta por interés personal; más bien, busca que los discípulos se aclaren en cuanto a su fe en Él. Los tiempos que se avecinan serán más exigentes que los de Galilea.

A la primera pregunta, los discípulos referen imágenes del pasado, “postalitas” con que la gente identifca al Maestro. En cambio, la segunda -¿qué dicen ustedes?- no puede ser obviada. De mi respuesta dependerá el camino que seguiré en mi vida de fe y de discípulo. Si veo a Jesús como un personaje admirable del pasado, esa imagen terminará en una galería de hombres célebres. En cambio, si lo confeso como Hijo de Dios y Mesías, mi respuesta será una vida entregada: iré con Él camino de Jerusalén, en buenas y en malas.

La respuesta del discípulo nunca será meramente personal. A Jesús no solo se le admira: se le sigue en comunidad. Mi respuesta está llamada a unirse a la de muchos hermanos y hermanas para constituirse en la de todos: una confesión comunitaria o eclesial de fe, un Credo que expresa nuestra vida discipular.

Y esa confesión se formula no solo con palabras -predicación, enseñanza, credo escritoque expresen nuestra comprensión de fe y nuestra esperanza, sino además como un modo de proceder, una manera de vivir, una praxis cristiana. Lo que una comunidad cristiana vive debe traducir lo que creen sus miembros dispersos por el barrio, tan claramente como al reunirse para celebrar su fe y servir al mundo circundante.

Estas preguntas, que leí de alguien que ha reflexionado sobre la vida del discípulo de Jesús, se dirigen a nuestras asambleas parroquiales: ¿creemos en Jesús resucitado que camina con nosotros lleno de vida?, ¿hemos hecho de nuestra comunidad una escuela para aprender a vivir como Él?, ¿estamos aprendiendo a mirar la vida como la miraba Él?, ¿estamos convencidos de que el modo de seguirlo es vivir haciendo la vida más humana y más dichosa para todos?

De nuestras respuestas depende que el ser discípulo de Jesús sea hoy algo vivo y provocador y no un simple álbum de fotos del pasado.

LA LLAVE DEL PERDÓN
     (Is 22, 19-23)
Llamó Dios a su elegido,
al siervo de su heredad
que acoge con humildad
la carga del oprimido.
Por amor ha redimido
a todos los pecadores.
Es el varón de dolores
vestido de realeza
que manifesta grandeza
con sus gestos servidores.

Lleva en la frente ceñida
diadema real, y corona,
nunca el cetro abandona
de la bondad prometida.
Con su llave bendecida
abre al pecador la puerta.
Su abrazo nos desconcierta
con su perdón, su piedad,
su insondable caridad…
que nos da esperanza cierta.

Ora con la Palabra

 
  Domingo 27 de septiembre: XXVI del Tiempo Ordinario

Mt 21,28-32

“...después se arrepintió y fue...”

Lunes:  Jb 1,6-22 / Sal 17 (16) / Lc 9,46-50

“...el más pequeño de ustedes, es el más grande”.

Martes:   Dn 7,9-10.13-14 / Sal 138 (137) / Jn 1,47-51

“...tú eres el Hijo de Dios...”.

Miércoles:  Jb 9,1-12.14-16 / Sal 88 (87) / LC 9,57-62

“...te seguiré a dondequiera que vayas”.

Jueves:  Jb 19,21-27 / Sal 27 (26) / Lc 10,1-12

“...El Reino de Dios ha llegado a ustedes”.

Viernes:   Jb 38,1.12-21;40,33-35 / Sal 139 (138) / Lc 10,13-16

“...rechaza al que me ha enviado”

Sábado:  Jb 42,1-3.5-6.12-16 / Sal 119 (118) / Lc 10,17-24

“...sus nombres están escritos en el Cielo”

INTENCIONES DE ORACIÓN DEL SANTO PADRE

              PARA OCTUBRE DE 2020

El Papa nos pide orar por: La misión de los laicos en la Iglesia

Recemos para que en virtud del bautismo los fieles laicos,

en especial las mujeres,participen más en las instancias de

responsabilidad de la Iglesia.

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