Mateo-1344-52

Hoy leemos otras tres parábolas del Reino, reunidas por Mateo en el capítulo 13 de su evangelio. Jesús, en pleno trabajo evangelizador, anuncia la Buena Noticia del amor que Dios nos tiene. Con parábolas sencillas, busca que entendamos y descubramos lo que es el Reino para acogerlo y optar por él.

Las dos primeras -el tesoro escondido y la perla- expresan la dicha de encontrarse inesperadamente con una alegría desbordante. En la del tesoro aparece más la sorpresa de una riqueza que se presenta sin haberla buscado. En la de la perla se resalta el deseo profundo de algo valioso que por fin llega a las manos de quien se esforzaba.

Búsqueda y descubrimiento, sorpresa y acogida, son dimensiones esenciales de la vida espiritual. En lo más hondo de nosotros anida el anhelo de lo que pueda hacernos felices. La esperanza se sostiene en esa búsqueda y, cuando por fin se da el descubrimiento de Dios, luchamos por “venderlo todo”, desembarazarnos de lo que no sirve para acoger libremente el don de Dios que se nos ofrece. En ese don y esa acogida está ya el Reino de Dios en nosotros.


Entremos en nosotros mismos y veamos si estas parábolas se están realizando.El deseo profundo de comunión con Dios y el esfuerzo de buscarlo día a día conduce al descubrimiento de su Reino. La presencia de Dios en mi vida produce y renueva una honda alegría que, a pesar de las dificultades, no me abandona. Y ese entusiasmo me lanza al encuentro con los demás y a ponerme a su servicio. Cuando hay alegría y entusiasmo, la vida de fe se convierte en misión. Ya no andamos tan pendientes de nosotros, sino orientados a los demás, especialmente al necesitado, que es rostro de Dios.

La última parábola -la red que trae peces buenos y malos- advierte que el Reino de Dios, desplegado en el mundo, desembocará en una disyuntiva: ¿soy o no soy del Reino?, ¿quién lo es? La última palabra la tiene Dios, que puede medir la calidad de cada vida. Si mi vida se parece a la de Jesús, llena de entusiasmo y servicio, Dios me reconocerá como suyo y me sentará a su lado. Al contrario, si no hay ese parecido, veré que el Reino nunca me interesó, y quedaré encerrado en mi apatía y aburrimiento, esperando una guagua que nunca pasará por mí.


   EL REY SABIO
   (1 R 3, 5-12)
En sueños vio Salomón
al Señor que le dijera:
-Pídeme lo que tú quieras
y le daré solución.
-Oh Dios, eres mi porción-,
el príncipe respondía.
Y pidió sabiduría,
conocimiento, prudencia,
gobierno de inteligencia,
justicia, paz y alegría…


Dijo el Señor muy contento:
-Cumpliré tu petición
y te daré un corazón
sabio con discernimiento.
Pondré en tu reino el cimiento
para cumplir mi promesa.
No basta honor y riqueza
para poder gobernar,
pues solo quien sabe amar
puede alcanzar la grandeza.

Ora con la Palabra

 

Domingo 9 de agosto: XIX del Tiempo Ordinario

 

Mt 14,22-33

“...iÁnimo, soy yo, no tengan miedo!”.

Lunes:  2 Co 9,6-10 / Sal 112 (111) / Jn 12,24-26

“Si alguno me sirve, mi Padre lo honrará”.

Martes:  Ez 2,8 al 3,4 L Sal 119 (118) / Mt 18,1-5.10.12-14

“...ése el más grande en el Reino...”.

Miércoles:  Ez 9,1-7;10,18-22 / Sal 113 (112) / Mt 18,15-20

“...allí estoy en medio de ellos”.

Jueves:  Ez 12,1-12 / Sal 78 (77) / Mt 18,21 al 19,1

“...hasta setenta veces siete”.

Viernes:   Ez 16,1-15.60.63 / Interlec. Is 12 / Mt 19,3-12

“El que pueda con esto, que lo haga”.

Sábado: Solemnidad de la Asunción de la Virgen María
Ap 11,19a;12,1-6a.10ab / Sal 45 (44) / 1Co 15,20-27a Lc 1,39-56

“...iBendita tú entre las mujeres...”.

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