Mt-11-25-30“Nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar”. Jesús agradece al Padre que haya revelado los secretos del Reino, no a los sabios y entendidos, sino a la gente sencilla. Los que se creen sabios, según ellos, no necesitan revelación. Ya lo saben todo. Los sencillos, los pequeños, son los que ya han hecho un largo aprendizaje de Jesús. Sintonizan con el corazón manso y humilde de Él.

Jesús no critica aquí el sano deseo de estudiar y aprender. El verdadero aprendizaje es un acto de humildad.Es la búsqueda constante de una verdad que no es propiedad nuestra. Lo que bloquea la revelación de los secretos del Reino es el conocimiento que se ha endiosado a sí mismo. Un sabio refrán dice que un poco de conocimiento es algo peligroso.Mientras más profundizamos en el estudio humilde de la realidad, nos vamos dando cuenta de todo lo que siempre nos faltará por conocer.

La sencillez de la que habla Jesús no está en conflicto con la ciencia y el conocimiento. Los grandes doctores de la Iglesia, Santo Tomás, Santa Teresa y otros, llega
ron a la santidad por el camino de la sencillez y la humildad.

Jesús puede ser maestro de quien hay que aprender la mansedumbre y humildad del corazón, porque Él mismo fue alumno aventajado de su madre, María. Ella, que recibió tan grandes elogios del ángel y de su prima Isabel, supo reconocer a quién le correspondía la alabanza. “Grandes cosas ha hecho en mí el que es todopoderoso”. A lo largo de su vida, Jesús reconoció que todo lo que Él era provenía del Padre.

Para Jesús, todo lo que sucedía en su vida era gracia. No solamente los momentos de éxito y reconocimiento de la gente, sino también el rechazo, el desprecio y la continua persecución de las autoridades religiosas. Por eso puede invitarnos a acercarnos a Él cuando estamos agobiados por el peso de la vida. Habiendo pasado por lo mismo que pasamos nosotros, Él puede aliviarnos. Al echarse sobre sus hombros nuestras cargas, Él las hace llevaderas. Nuestro yugo es ahora el de Jesús. Y su yugo es suave y su carga ligera.

Jesús, manso y humilde de corazón, haz nuestro corazón semejante al tuyo.

EL REY HUMILDE
  (Zac 9, 9-10)
Se escuchan gritos de gloria
y canta la hija de Sion,
porque trae bendición
el rey con justa victoria.
Aquí tenemos memoria
del soberano sencillo
que entró montado en asnillo
a Jerusalén gozoso,
y aquel pueblo jubiloso
lo aclamó con su estribillo…

Hosanna al rey, al mesías,
que bendice a las naciones
y siembra en los corazones
la paz con sus profecías.
Bien predijo Zacarías
su poder como servicio.
Y heredamos el ofcio
de proclamar la alabanza
a quien es nuestra esperanza
por su clemencia en el Juicio.

Ora con la Palabra

 

Domingo 9 de agosto: XIX del Tiempo Ordinario

 

Mt 14,22-33

“...iÁnimo, soy yo, no tengan miedo!”.

Lunes:  2 Co 9,6-10 / Sal 112 (111) / Jn 12,24-26

“Si alguno me sirve, mi Padre lo honrará”.

Martes:  Ez 2,8 al 3,4 L Sal 119 (118) / Mt 18,1-5.10.12-14

“...ése el más grande en el Reino...”.

Miércoles:  Ez 9,1-7;10,18-22 / Sal 113 (112) / Mt 18,15-20

“...allí estoy en medio de ellos”.

Jueves:  Ez 12,1-12 / Sal 78 (77) / Mt 18,21 al 19,1

“...hasta setenta veces siete”.

Viernes:   Ez 16,1-15.60.63 / Interlec. Is 12 / Mt 19,3-12

“El que pueda con esto, que lo haga”.

Sábado: Solemnidad de la Asunción de la Virgen María
Ap 11,19a;12,1-6a.10ab / Sal 45 (44) / 1Co 15,20-27a Lc 1,39-56

“...iBendita tú entre las mujeres...”.

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