Mateo-1037-42El evangelio de hoy prolonga el del domingo pasado. Ambos forman un conjunto de enseñanzas de Jesús, “el discurso misionero”, sobre la participación del discípulo en la evangelización.

Tras escoger a sus apóstoles, Jesús los conduce por Galilea, implicándolos en su misión. Les hace sentir que la misión de ellos es la misma que la suya, que su labor se integra al trabajo apostólico del Maestro, sin resaltar diferencias esenciales entre lo hecho por Él o por ellos. El discípulo prolonga lo iniciado por Jesús, quien, siendo la vid, ni prescinde ni desmerita el esfuerzo del sarmiento.

Pero no es solo trabajo. La evangelización es más que una
gestión pastoral.Anunciar el Evangelio pide vivirlo y la vida apostólica se sustenta en la identifcación con Jesús y en una opción radical por Él. Por eso, Jesús advierte al discípulo: nada puede bloquear esa identifcación-opción, ni siquiera algo de tanto valor como la familia. Si se produjera confrontación entre los valores del Evangelio y unas exigencias familiares irrazonables, el apóstol -para ser fel a su condición- optará por lo que Jesús plantea y relativizará lo demás. Jesús es lo único absoluto. Lo demás, se sitúa en referencia a Él.

Planteado el precio de ser discípulo, Jesús lo expresa entonces positivamente. Todo aquello a lo que se renuncie por Él, aun la vida, será recuperado. Con Él, nada valioso se pierde irremisiblemente. Todo lo sacrifcado se transformará en “material” de resurrección. Lo dejado por el Evangelio se multiplicará por la vía de la gracia.

Quien asume la tarea de Jesús, deviene en su representante,
otro Cristo: “El que los recibe a ustedes, me recibe a mí.” Se transforma en portador de la presencia del Padre de Jesús: “El que me recibe, recibe al que me ha enviado.” En la evangelización, la misión nos hace familia de Jesús, hermanos suyos, hijos del Padre y depositarios de su Espíritu.

Este año, la Iglesia cubana ha querido destacar la tarea misionera para que, como en Jesús, nuestra vida espiritual y nuestro encuentro con Dios en su Palabra y en los sacramentos, desemboquen en una “salida” misionera. La Iglesia se nutre en el ámbito comunitario, pero sembrar, fructifcar y cosechar se logra saliendo a las calles del mundo.

Jesús recorría los caminos de Galilea predicando el Evangelio. Las calles y callejones de Cuba esperan por nosotros.

LA MUJER SUNAMITA
    (2 Re 4, 8-16)
Una mujer sunamita
llama al profeta Eliseo
-aunque sabe que es hebreo-,
y a su morada lo invita.
Queda la casa bendita
de la mujer generosa.
Quien era estéril y añosa
concibe una descendencia
por hacer con insistencia
la invitación cariñosa.


Yo también invitaré
al Señor hasta mi casa;
si me llama cuando pasa,
sus pisadas seguiré.
Es su mensaje de fe,
de compasión y justicia.
A los pobres benefcia
su corazón bondadoso,
y al peregrino piadoso
recibe con su caricia.

Ora con la Palabra

 

Domingo 12 de julio: XV del Tiempo Ordinario

 

Mt 13,1-23

“...este da y produce fruto...”.

Lunes:  Is 1,10-17 / Sal 50 (49) / Mt 10,34 al 11,1

“El que los recibe a ustedes, me recibe a mí...”.

Martes:  Is 7,1-9 / Sal 48 (47) / Mt 11,20-24

“iHasta el abismo te hundirás!”.

Miércoles:  Is 10,5-7.13-16 / Sal 94 (93) / Mt 11,25-27

“Todo me lo ha entregado mi Padre...”.

Jueves:  Is 26,7-9.12.16-19 / Sal 102 (101) / Mt 11,28-30

“...mi yugo es suave y mi carga ligera”.

Viernes:   Is 38,1-6.21-22.7-8 / Interl. Is 38 / Mt 12,1-8

“...quiero amor y no sacrifcios...”.

Sábado:   Miq 2,1-5 / Sal 10 (9) / Mt 12,14-21

“El los curó a todos...”.

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