Juan-651-58

 


De la festa de la Santísima Trinidad, del domingo anterior, pasamos a la celebración del Cuerpo y Sangre de Cristo, llena de vivencias personales y comunitarias.Hoy, en muchas comunidades, niños, jóvenes y adultos, tras meses y aun años de preparación, llegan a una comunión más profunda con Cristo.

La Iglesia siente la necesidad de celebrar el don del Cuerpo y la Sangre de Cristo en este momento especial del año -aparte del Jueves Santo- para recordarnos que el misterio de la entrega de Jesús sobre la cruz nos toca ahora vivirlo en comunidad y en medio del mundo.

La contemplación del amor y del servicio hasta lo difícil y doloroso, hasta la cruz, que se desarrolló ante nosotros el Jueves Santo -lavar los pies a los discípulos y dársenos en su Cuerpo y Sangre-, ahora nos pide ser reproducido en nuestra humilde existencia. Sin la oportunidad de celebrar esa entrega de Jesús y de identifcarnos con ella al comulgar, la realidad diaria nos debilitaría y desilusionaría.

En cada eucaristía renovamos nuestra adhesión al Señor y tratamos de hacer nuestra su entrega para vivirla en los escenarios de la vida cotidiana e ir así construyendo la
Iglesia y la sociedad junto con los demás. En la comunión nos fortalecemos para salir al mundo, a la casa, al trabajo, a conocidos y queridos, pero igualmente a ese mar de desconocidos con que nos cruzamos y entre quienes debemos plantar nuestra tienda diariamente. Poco a poco, con amistad y servicio, que brotan del amor eucarístico, vamos luchando por humanizar ese mundo de seres anónimos, descubriendo rostros y uniéndoles los nombres de los que vemos caminar, sufrir, avanzar, alegrarse y transformarse. La comunión con Cristo nos fortalece para ir tejiendo nuestra propia red de caminantes, seres humanos cuya dignidad, valor y dolor aprendemos a mirar de cerca, incluso a peregrinar con quienes, aun siendo diferentes, tenemos por hermanos y hermanas.

El Cuerpo y la Sangre de Cristo me son ofrecidos en una celebración litúrgica para salir a celebrar y vivir fuera –en la calle, la casa, el trabajo, el barrio- mi entrega y la del otro, la ofrenda de nuestro cuerpo y espíritu en el servicio fraternal y desinteresado y la libación de nuestra sangre en el esfuerzo, en los reveses, en el cansancio y en la sonrisa. En el templo y en la calle, somos con Cristo Eucaristía.

EL MANÁ EN EL DESIERTO
       (Dt 8, 2-16)
Cuarenta años de camino
fue Israel por el desierto,
el maná como pan cierto
comió el pueblo peregrino.
No falta el agua ni el vino
al creyente liberado.
Nunca el Señor se ha olvidado
del pobre que en Él confía,
y en la oscura travesía
es por la fe iluminado.

Dios eterno y bondadoso
nos sacia con flor de harina
y con agua cristalina
de manantial generoso.
Nos regala Pan sabroso
Jesús en la Eucaristía.
Por el mundo nos envía
para llevar su mensaje,
y en las pruebas de este viaje
nos ofrece valentía.

 

Ora con la Palabra

 

Domingo 12 de julio: XV del Tiempo Ordinario

 

Mt 13,1-23

“...este da y produce fruto...”.

Lunes:  Is 1,10-17 / Sal 50 (49) / Mt 10,34 al 11,1

“El que los recibe a ustedes, me recibe a mí...”.

Martes:  Is 7,1-9 / Sal 48 (47) / Mt 11,20-24

“iHasta el abismo te hundirás!”.

Miércoles:  Is 10,5-7.13-16 / Sal 94 (93) / Mt 11,25-27

“Todo me lo ha entregado mi Padre...”.

Jueves:  Is 26,7-9.12.16-19 / Sal 102 (101) / Mt 11,28-30

“...mi yugo es suave y mi carga ligera”.

Viernes:   Is 38,1-6.21-22.7-8 / Interl. Is 38 / Mt 12,1-8

“...quiero amor y no sacrifcios...”.

Sábado:   Miq 2,1-5 / Sal 10 (9) / Mt 12,14-21

“El los curó a todos...”.

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