Mateo-28-16-20


La Ascensión nos remite a las últimas palabras de Jesús en el evangelio de Mateo. El grupo de los discípulos, testigos de la muerte y resurrección de Jesús en Jerusalén, ahora se reúne en un monte de Galilea, en la misma región en que Jesús los eligiera. Es como un regreso a los lugares en que su fe y su vocación de discípulos nacieron.

Han pasado tres años. Conocieron momentos de intensa alegría y satisfacción. También descubrieron, siguiendo al Maestro, sus límites y pobreza. Tocaron el fondo de su pecado al dar la espalda a Jesús camino de la cruz. Y, finalmente, experimentaron la mayor alegría de sus vidas al encontrarse con el Resucitado de manera totalmente nueva e impensable.

La resurrección de Jesús cambió por completo la orientación de sus vidas. Habían recuperado la presencia del Maestro, pero su fe aún tendría que crecer entre inseguridades y dudas. Por su parte, el Resucitado no se avergüenza de ellos ni les urge a madurar a destiempo. Para ellos se abre ahora el tiempo de la Iglesia naciente. Jesús los convoca para enviarlos a trabajar y les entrega su propia misión: testigos suyos como Él lo fue del Padre, enseñar lo aprendido y lo vivido e integrar a cuantosacojan la fe al pueblo de Dios, comunidad fraternal de discípulos, por medio del bautismo y la obediencia de mente y corazón.

Por último, les ofrece la seguridad de su presencia. “Yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo”. Mateo termina su evangelio con la promesa de compañía que había sido anunciada, al inicio de su libro, a José: que el niño que María llevaba en su vientre sería la expresión más personal del “Dios-con-nosotros”, profetizado por Isaías.

La historia de Jesús desemboca en esa alianza: el Resucitado se compromete a acompañar a sus discípulos, aun siendo una Iglesia débil y pecadora. Sin estar a la altura de nuestra condición de seguidores y testigos, nos ponemos en camino para aprender a acompañar a la humanidad, así como Jesús nos acompaña a nosotros.

La vida en comunidad de fe -parroquia, capilla, casa de misión, grupo apostólico- es el espacio en que aprendemos a madurar como discípulos. Pero, recordemos: el envío de Jesús nos dirige últimamente a la calle, a los múltiples caminos que recorre diariamente la humanidad, donde lo hacemos presente desde nuestra pequeñez y con nuestro humilde servicio.

ASCENSIÓN DEL SEÑOR 
       (Hch 1, 1-11)
Como una estrella brillante
lo vimos cuarenta días
iluminando las vías
de nuestra fe vacilante.
Iba el corazón delante
con Cristo resucitado.
Después de abrir su costado,
por fin, al cielo ascendió,
una promesa dejó
y su Paz ha regalado.

El Padre ya ha prometido
darnos Espíritu Santo
para calmar nuestro llanto
y sanar lo que está herido.
Jesús, el Hijo querido,
se eleva por las alturas:
liberado de ataduras,
asciende glorioso al cielo,
pero nos queda el consuelo
de obtener alas seguras.

Ora con la Palabra

 

Domingo 31 de mayo: Solemnidad de Pentecostés

 

Jn 20,19-23

“...sopló sobre ellos y les dijo: Reciban el Espíritu Santo...”.

Lunes: Santa María, Madre la Iglesia
 
Hch 1,12-14 / Interl. Jdt 13,18bcde.19 / Jn 19,25-27

“..ánimo, yo he vencido al mundo”.

Martes:  2 P 3,12-15a. 17-18 / Sal 90 (89) / Mc 12,13-17

“...a Dios, lo que corresponde a Dios”.

Miércoles:  2 Tim 1,1-3.6-12 / Sal 123 (122) / Mc 12,18-27

“...no es un Dios de muertos, sino de vivos”.

Jueves: Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote 
Gn 14,18-20 / Sal 110 (109,1.2.3.4) /1 Co 11,23-26 / Lc 9,11b-17

“Todos comieron hasta saciarse”.

Viernes:  2 Tim 3,10-17 / Sal 119 (118) / Mc 12,35-37

“Mucha gente acudía a Jesús...”.

Sábado:  2 Tm 4,1-8 / Sal 71 (70) / Mc 12,38-44

“...no tenía más, y dio todos sus recursos”.

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