Juan-14-15-21El evangelio de hoy nos invita a entrar hasta el centro de nuestro propio corazón. Muchos estímulos llegan actualmente a nuestros sentidos que nos llevan a preocuparnos por nuestro propio cuerpo, por las apariencias, a buscar solo lo que nos entretiene y nos distrae.

Cuando empezamos nuestra peregrinación interior, tal vez lo primero que nos encontremos sean las preocupaciones de cada día para conseguir lo necesario para vivir y asegurar lo imprescindible para el futuro, las obsesiones angustiosas que no logramos alejar de nuestros circuitos interiores, los problemas de los que viven a nuestro lado y muchos recuerdos e imágenes que flotan dentro de nosotros sin orden ninguno.

Si logramos atravesar este primer nivel que habitualmente nos absorbe, nos encontraremos con el Espíritu de Dios que Jesús nos ha regalado y que nunca se va de nosotros. Él habita la hondura de nuestra persona y desde ahí nos pacifica en medio de las preocupaciones que nos asaltan para robarnos la paz, nos ilumina en las situaciones oscuras presentando en nuestra imaginación posibilidades nuevas que nos abren los caminos, y nos da fuerza para que podamos emprender, una vezmás, las acciones que le dan más calidad a nuestra vida y a la de los que más queremos.

El Espíritu nos lleva a no dejarnos encerrar, ni en la angustia que nos paraliza y nos entristece, ni en nuestra soledad cómoda que queremos defender de cualquiera que venga a romperla con sus historias. También nos conduce a la comunidad cristiana, donde nos vamos a encontrar con otros hermanos y hermanas que se han dejado mover por este mismo Espíritu para formar un cuerpo donde todos aportamos lo que somos y donde podemos ser ayudados en lo que nos falta. Dice Jesús en el evangelio de hoy que no nos dejará huérfanos. Su presencia no es corporal como en los caminos de Galilea, sino que nos habla desde lo hondo de nuestro interior y nos sale al encuentro en las personas que se dejan inspirar y conducir por el Espíritu.

En el centro de la acción del Espíritu dentro de nosotros nos encontramos el amor sin medida que el Padre nos tiene y el recuerdo de las palabras y hechos de Jesús que reviven para orientarnos en las situaciones nuevas e inesperadas. Vale la pena esta peregrinación hasta nuestra hondura habitada por el Espíritu y su amor inagotable.

FELIPE EN SAMARIA
    (Hch 8, 5/17)
Bajó Felipe a Samaria
para hablar de la verdad
que es Cristo y su novedad
en la entrega voluntaria.
La pasión fue necesaria
al Cristo resucitado…
Y el creyente bautizado,
por la gracia del Señor
encuentra vida y amor
cuando sirve apasionado.

Cesará nuestro gemido
si está presente el deseo
para alcanzar el trofeo
y obtener lo prometido.
El diablo será abatido
y los enfermos curados.
No habrá locos ni lisiados
en el Reino de los cielos,
pues tendremos mil consuelos
con sus dones consumados.

Ora con la Palabra

 

Domingo 31 de mayo: Solemnidad de Pentecostés

 

Jn 20,19-23

“...sopló sobre ellos y les dijo: Reciban el Espíritu Santo...”.

Lunes: Santa María, Madre la Iglesia
 
Hch 1,12-14 / Interl. Jdt 13,18bcde.19 / Jn 19,25-27

“..ánimo, yo he vencido al mundo”.

Martes:  2 P 3,12-15a. 17-18 / Sal 90 (89) / Mc 12,13-17

“...a Dios, lo que corresponde a Dios”.

Miércoles:  2 Tim 1,1-3.6-12 / Sal 123 (122) / Mc 12,18-27

“...no es un Dios de muertos, sino de vivos”.

Jueves: Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote 
Gn 14,18-20 / Sal 110 (109,1.2.3.4) /1 Co 11,23-26 / Lc 9,11b-17

“Todos comieron hasta saciarse”.

Viernes:  2 Tim 3,10-17 / Sal 119 (118) / Mc 12,35-37

“Mucha gente acudía a Jesús...”.

Sábado:  2 Tm 4,1-8 / Sal 71 (70) / Mc 12,38-44

“...no tenía más, y dio todos sus recursos”.

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