Juan-141-12


Los cuatro evangelios presentan la cena de Jesús con sus discípulos antes de padecer. Juan lo hace de manera muy particular. Primero, describe el gesto del Maestro, que les lava los pies, pero además presenta un conjunto de enseñanzas e intercambios que prepararán a los discípulos para las situaciones marcadas por la cruz. Se conoce este conjunto (Jn 13, 31 a 17, 26), como “los discursos de adiós”. No son una repetición literalde lo habladoen la, sino una rememoración de las enseñanzas del Señor durante su vida apostólica y en los días en Jerusalén.

Para Jesús, no habrá ruptura entre su vida apostólica y su forma de asumir su muerte, ni separación entre Él y los suyos. Por eso habla del final y del porvenir de su misión sin enfocarse en las circunstancias de su muerte, No es un camino que termina en precipicio. Lo que viva y sufra aparece como un camino que pasa por la muerte, como quien entrega su obra al que le dará continuidad: el Espíritu, defensor y activador de lo de Jesús en nosotros. Su muerte no es ausencia, sino oportunidad de ir a preparar sitio a los suyos, mientras el Espíritu lo hace presente entre estos.

Los discípulos no captan la vida de Jesús y la presencia de su Espíritu como ruta espiritual. Piden que Jesús les diga por qué vía seguirlo y que les muestre al Padre. Realidades que, para Jesús, no solo están unidas: son una misma realidad. Él es el camino y la imagen viva del Padre. Seguirlo es entrar en su modo de vivir como vía al Padre, que su Espíritu reproduce en nosotros. Con Jesús, la vida es camino y, al mismo tiempo, fruto, término y encuentro con el Padre, con quien nos encontraremos cara a cara y nos sentará a su lado.

A medida que avanzamos por esa ruta que es Jesús, nos identificamos con Él a tal punto que nuestra vida termina asemejándose a la suya y reproduciendo sus pasos y decisiones. Cada uno lo des-cubre en medio de las circunstancias personales de su vida, diferentes exteriormente, pero semejantes en lo profundo si llevamos la fibra del resucitado en nuestra carne mortal. Así como Jesús y el Padre son uno, así también nosotros tendemos a ser uno, a acompañarnos y a recorrer el camino en comunión. ¿Con quién voy caminando? ¿A quiénes acompaño?

EL SERVICIO CON AMOR 
       (Hch 6, 1-7)
El diácono es servidor
de la familia cristiana,
y en el servicio se afana
para agrandar el amor.
Se ejercita con valor,
paciencia y sabiduría.
Su bolsa no se vacía
porque reparte a conciencia
y combina la prudencia
con generosa alegría.

Al pobre y al forastero,
al huérfano y a la viuda
y a la persona desnuda
cobija bajo su alero.
Brinda su casa al viajero
y eleva a Dios oraciones.
Así, sus buenas acciones
serán un signo de vida
y de amistad compartida
para aliviar corazones.

Ora con la Palabra

 

Domingo 9 de agosto: XIX del Tiempo Ordinario

 

Mt 14,22-33

“...iÁnimo, soy yo, no tengan miedo!”.

Lunes:  2 Co 9,6-10 / Sal 112 (111) / Jn 12,24-26

“Si alguno me sirve, mi Padre lo honrará”.

Martes:  Ez 2,8 al 3,4 L Sal 119 (118) / Mt 18,1-5.10.12-14

“...ése el más grande en el Reino...”.

Miércoles:  Ez 9,1-7;10,18-22 / Sal 113 (112) / Mt 18,15-20

“...allí estoy en medio de ellos”.

Jueves:  Ez 12,1-12 / Sal 78 (77) / Mt 18,21 al 19,1

“...hasta setenta veces siete”.

Viernes:   Ez 16,1-15.60.63 / Interlec. Is 12 / Mt 19,3-12

“El que pueda con esto, que lo haga”.

Sábado: Solemnidad de la Asunción de la Virgen María
Ap 11,19a;12,1-6a.10ab / Sal 45 (44) / 1Co 15,20-27a Lc 1,39-56

“...iBendita tú entre las mujeres...”.

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