Juan-20-19-31Después de celebrar la fiesta de la Pascua, la Iglesia nos propone ahora un tiempo para comprender y acoger en nuestra persona y en la comunidad este misterio que transformó la existencia humana. Jesús no resucitó solo para sí mismo, para entrar en la vida definitiva y plena, sino también para nosotros. De la misma manera que nos buscó durante su vida en la tierra, profundamente solidario con nuestra humanidad dolorida y pecadora, también nos busca ahora para ofrecernos la alegría y el dinamismo de la resurrección. No solo nos dice que estemos tranquilos por-que resucitaremos como Él al final de nuestra vida, sino que nos transforma ya ahora.

En el evangelio de hoy aparecen tres frases claves. La primera palabra es “la paz esté con ustedes”. Los discípulos vivían encerrados en su casa, con puertas y ventanas trancadas. También su espíritu estaba paralizado dentro de sus cuerpos llenos de miedo a las autoridades judías, agarrotados por la rigidez y la angustia, ante la incertidumbre de lo que les pudiese suceder. Por su corazón pasaban constantemente las torturas crueles de la pasión, y el espectáculo público de su fracaso.

En segundo lugar, nos dice el texto que se llenaron de alegríaal ver a Jesús. La alegría expresa su transformación interior porque la muerte no acabó con Jesús ni con el mensaje de su vida. El amor es más fuerte que el poder de los tribunales judíos y de las armas romanas. El reino de Dios sigue creciendo en la tierra.

Los discípulos no se quedan satisfechos con una alegría personal y comunitaria. Por la fuerza del Espíritu Santo que Jesús les transmite, son enviadosde la misma manera que el Padre envió a Jesús, para que sean testigos del Evangelio, para que sigan anunciando el Reino de Dios que crece en medio de nosotros. Esos galileos pobres se convierten en audaces testigos de Jesús ante la mirada asombrada de todo el pueblo. Las autoridades tratan de detenerlos, pero no pueden.

Agradecemos a Tomás su incredulidad. Jesús lo ayuda a comprender que lo que han vivido los discípulos no es cualquier experiencia religiosa, sino que el crucificado ha resucitado con sus heridas transfiguradas. Tal vez si nosotros posamos con amor nuestras manos en las heridas del mundo, podamos sentir el latido del resucitado que nos busca y nos llena de vida a todos.

COMUNIDAD CREYENTE
    (Hch 2,42-47)
Son los creyentes constantes
en escuchar la enseñanza,
fracción del pan, alabanza,
oraciones incesantes…
Del amor son observantes
estos primeros cristianos.
Todos se llaman hermanos
y viven la comunión
entrelazados de unión
con sus misterios arcanos.

Tienen signos prodigiosos
que los mantienen unidos,
porque han sido redimidos
con milagros portentosos.
Brazos de Dios bondadosos
extendidos con amor:
La sangre del Redentor,
el agua que purifica,
el fuego que santifica
y el perdón consolador.

   Hno. Jesús Bayo, fms

Ora con la Palabra

 

Domingo 17 de enero: II del Tiempo Ordinario

 

Jn 1,35-42

“...vieron donde vivía, y pasaron con Él el resto del día…”.

Lunes:   Hb 5,1-10 / Sal 110 (109) / Mc 2,18-22

“...hay que echar el vino nuevo en cueros nuevos”.

Martes:   Hb 6,10-20 / Sal 111 (110) / Mc 2,23-28

“...tiene autoridad también sobre el sábado”.

Miércoles:  Hb 7,1-3.15-17 / Sal 110 (109) / Mc 3,1-6

“...su mano quedó sana”.

Jueves:  Hb 7,25 al 8,6 / Sal 40 (39) / Mc 3,7-12

“iTú eres el Hijo de Dios!”.

Viernes:  Hb 8,6-13 / Sal 85 (84) / Mc 3,13-19

“...eligió entre ellos a doce, para que lo acompañaran...”.

Sábado:  Hb 9,2-3.11-14 / Sal 47 (46) / Mc 3,20-21

“...decían que se había vuelto loco”.

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