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La Semana Santa comienza con la entrada de Jesús en Jerusalén. No deberíamos dejarnos engañar por la versión de Hollywood en las distintas películas de Jesús. No parece creíble que esa entrada de Jesús haya sido acompañada por inmensas muchedumbres a pesar del comentario optimista de Mateo.


Aunque el número de seguidores debe haber sido modesto, probablemente no fue un grupo silencioso. Los gritos de “¡Hosanna al hijo de David! ¡Hosanna en las alturas!” tienen que haber llamado la atención de las otras muchedumbres, los visitantes y habitantes regulares de Jerusalén. De ahí la pregunta que se hace la gente: ¿Quién es este? La respuesta probablemente viene del grupo de seguidores: es el profeta Jesús, de Nazaret de Galilea.

La entrada de Jesús en Jerusalén es coherente con su estilo de vida. No viene en una carroza ni acompañado de una gran escolta militar. Sus seguidores son un grupo de desheredados. No parece haber coherencia entre los gritos triunfales al Hijo de David y los signos visibles del cortejo. Si Jesús quiere ganar adeptos, tiene que mejorar su imagen.

Esta discrepancia entre la realidad y las expectativas aparece continuamente durante la vida pública de Jesús. Él no satisface las esperanzas del pueblo acerca del Mesías prometido. No viene con un programa reivindicativo contra los opresores. No reclama para sí el reconocimiento propio de un hacedor de milagros. Cuando quieren proclamarlo rey ante los prodigios que obra, Jesús se esconde y se retira al monte a orar.

Este mismo desfase entre la expectativa popular y la realidad del Mesías servidor alcanzará su máximo nivel cuando el silencio de Dios se haga dramático ante el fracaso del Calvario. No podía haber un prólogo más revelador del misterio de la Pasión que esta humilde entrada del Mesías montado en un simple burrito.

Cuando San Ignacio de Loyola nos invita a contemplar la Pasión en la tercera semana de los Ejercicios, ofrece una nota de advertencia: “considerar cómo la Divinidad parece esconderse”. Dios no se hará presente como nosotros hubiéramos querido.

La Semana Santa que comienza hoy quiere ser todo un itinerario espiritual. Después de contemplar la vida pública de Jesús, queremos acompañarlo en su camino pascual, a la Resurrección a través de la cruz.


EL SIERVO DEL SEÑOR
      (Is 50, 4-7)
El Señor me ha regalado
una palabra de aliento
para poner el cimiento
con mi lengua de iniciado.
No quedaré conturbado
por la injuria recibida…
Mi alma no es confundida
por la sangre y la pasión
que derrama el corazón
cuando sufre cruel herida.

Me acechan los malhechores
para burlarse de mí,
escapan lejos de Ti
y tus planes redentores.
Con sangre, cuerpo y sudores
al Padre te has entregado.
Eres siervo abandonado
bajo una lápida fría
que dejas tumba vacía
y a todos has liberado…

Hno. Jesús Bayo, fms

Ora con la Palabra

 

Domingo 31 de mayo: Solemnidad de Pentecostés

 

Jn 20,19-23

“...sopló sobre ellos y les dijo: Reciban el Espíritu Santo...”.

Lunes: Santa María, Madre la Iglesia
 
Hch 1,12-14 / Interl. Jdt 13,18bcde.19 / Jn 19,25-27

“..ánimo, yo he vencido al mundo”.

Martes:  2 P 3,12-15a. 17-18 / Sal 90 (89) / Mc 12,13-17

“...a Dios, lo que corresponde a Dios”.

Miércoles:  2 Tim 1,1-3.6-12 / Sal 123 (122) / Mc 12,18-27

“...no es un Dios de muertos, sino de vivos”.

Jueves: Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote 
Gn 14,18-20 / Sal 110 (109,1.2.3.4) /1 Co 11,23-26 / Lc 9,11b-17

“Todos comieron hasta saciarse”.

Viernes:  2 Tim 3,10-17 / Sal 119 (118) / Mc 12,35-37

“Mucha gente acudía a Jesús...”.

Sábado:  2 Tm 4,1-8 / Sal 71 (70) / Mc 12,38-44

“...no tenía más, y dio todos sus recursos”.

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