Mateo171-9Jesús camina a Jerusalén con sus discípulos.Por el camino, Pedro lo confiesa como el Mesías y el grupo lo respalda. A partir de entonces, Jesús les habla de su ida a Jerusalén como camino a un sacrificio pascual -muerte y resurrección- y del rechazo que encontrará. Para ellos, la ruta se vuelve entonces amarga. No quieren que el camino de Jesús -ni el suyo- pase por la cruz.

De pronto, Jesús deja la ruta al sur y sube a la loma que llaman Tabor. Acompañado por tres discípulos, en lo alto del monte, Jesús ora. La montaña invita al encuentro con Dios y se ofrece como balcón para mirar la vida con serenidad, apreciar los diferentes caminos e intuir sus desenlaces.

En su oración, Jesús es acompañado por Moisés y Elías, hombres obedientes a la voz de Dios y recios para sobrellevar los reveses de la misión. Pedro, extasiado ante la luminosidad del Señor, sueña con prolongar la consolación. De pronto, una nube envuelve a Jesús, desaparecen las figuras y resuena una voz que habla acerca de quién es Jesús para su Padre: el Hijo muy querido.

En la voz, Jesús encuentra la confirmación de la ruta vislumbrada. Intuye el re
chazo y la amargura, pero no la desechará. Las sinrazones de sus discípulos no lo convencen. Solo en la voz del Padre encuentra paz, una paz que proviene, no de su confort personal, sino del interés por complacer a su Padre en un servicio difícil, pero indispensable para sus hermanos y hermanas. Entre tentaciones y espejismos, Jesús discierne claramente la verdad de su vida y su misión cuando se confía al Padre.

Tres años antes, en su bautismo, había escuchado la misma voz: “Este es mi Hijo, el amado”. Pero, en el Tabor añade una exhortación: hay que escuchar al Hijo, la Palabra que Dios tiene para este mundo, aprender a desechar otras voces que no son dignas de confianza y en las que no hay futuro para los hermanos y hermanas de Jesús.

En el monte, los discípulos han entrevisto una pizca de la gloria que el Padre comparte con su Hijo. Saben que hay que escucharlo. Mas, al llegar contratiempos y amenazas, sus fuerzas mermarán y desearán abandonar el camino de Jesús para quedarse, aturdidos y solos, con las manos vacías y sin fruto.

Mientras su Padre le sigue hablando al corazón, Jesús continúa su ruta a Jerusalén.

VOCACIÓN DE ABRAHAM
      (Gén 12, 1-4)
Recuerda, oh Dios, tu ternura
y el juramento que hiciste
con Abram cuando dijiste:
“Te daré prole segura”.
La descendencia futura
fue su gloria y bendición.
Dejó su patria y mansión
por la Tierra Prometida
y entregó toda la vida
para cumplir su misión.

La vocación del cristiano
es proseguir el camino
cual creyente peregrino
con el bastón en la mano.
Dejar la casa en el llano
para subir la montaña.
No existe mayor hazaña
que seguir a Jesucristo
por el sendero imprevisto,
y saber que Él te acompaña.

   Hno. Jesús Bayo, fms

Ora con la Palabra

 

Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor

 

Jn 20,1-9

“...iÉl ‘debía’ resucitar de entre los muertos!”.

Lunes:  Hch 2,14.22-33 / Sal 16 (15) / Mt 28,8-15

“...No tengan miedo”.

Martes:  Hch 2,36-41 / Sal 33 (32) / Jn 20,11-18

“...He visto al Señor y me ha dicho esto”.

Miércoles:  Hch 3,1-10 / Sal 105 (104) / Lc 24,13-35

“...Es verdad: el Señor ha resucitado...”.

Jueves:  Hch 3,11-26 / Sal 8 / Lc 24,35-48

“Miren mis manos y mis pies: soy yo”.

Viernes:  Hch 4,1-12 / Sal 118 (117) / Jn 21,1-14

“Jesús se acercó, tomó el pan y se lo repartió”.

Sábado:  Hch 4,13-21 / Sal 118 (117) / Mc 16,9-15

“...anuncien la Buena Nueva a toda la creación”.

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