Mateo-41-11

Comenzamos el camino de la Cuaresma con uno de los tres relatos de las tentaciones de Jesús en el desierto. Este año nos acompaña el evangelio de San Mateo. Tanto en este como en el de Lucas se nos hace notar el protagonismo del Espíritu. Es Este quien lleva a Jesús al desierto, que no es el espacio de Satanás, aunque sea allí donde el diablo tienta a Jesús.

Al presentarnos las tentaciones de Jesús, la Iglesia quiere hacernos tomar conciencia de nuestra propia situación. La vida cristiana es combate. Las tentaciones nos atacan tanto de afuera como de adentro. De afuera, porque el mundo está atravesado de dinamismos contrarios a la propuesta de Jesús. De adentro, porque la atmósfera contaminada que respiramos va minando nuestras defensas.

Vamos a examinar las tres tentaciones que sufrió Jesús. Podemos reconocer las trampas a las que nosotros mismos estamos expuestos. Las tentaciones de Jesús tienen que ver con los medios. El diablo sabe que Jesús no va a negociar los fines.

En la primera, se le ofrece a Jesús perseguir un fn bueno: satisfacer una necesidad legítima, el hambre después de un largo ayuno. No es que el medio que propone Satanás sea malo. Usa tu poder a favor tuyo, sin referencia a lo que Dios pueda querer.

En la segunda, se le propone a Jesús impresionar a la gente con una señal extraordinaria: brinca de lo alto del templo. Jesús se niega: el medio propuesto supone seducir a la gente. Jesús quiere proponer, no imponerse a base de un despliegue fascinante.

En la tercera tentación, se le plantea a Jesús apoyar su misión con los recursos del poder de este mundo.El medio es afirmar que el fin justifca los medios. En última instancia, doblar la rodilla ante el poder del dinero y las riquezas.

Lo que es común a las tres es la invitación a poner nuestra seguridad en las cosas y no en el Dios autor de todo. Vivimos de toda palabra que sale de Dios. No usamos las cosas para seducir. No apoyamos nuestra misión con el peso del poder.

Tenemos que dejarnos llevar al desierto por el Espíritu en esta Cuaresma. Allí será más fácil oír la voz de Dios sin las distracciones de la vida ajetreada que llevamos.

 EL PRIMER PECADO
  (Gn 2,7-9; 3, 1-7)
Adán y Eva: fiel pareja
que comparte en su Jardín
dulce alegría sin fin,
y con libertad festeja.
No tienen traba ni reja,
ni les sangra mala herida…
Pero el árbol de la Vida
lo tienen que respetar
para poder contemplar
a quien les da la comida.

Mas, no falta la Serpiente
que turba el entendimiento
con falso conocimiento
del bien y el mal en la mente.
Ella siembra la simiente
de cizañas y pecado…
Es enemigo malvado
con quien batallas entablo:
Satán, mentiroso diablo
por Cristo ya condenado.

Hno. Jesús Bayo, fms

Ora con la Palabra

 

Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor

 

Jn 20,1-9

“...iÉl ‘debía’ resucitar de entre los muertos!”.

Lunes:  Hch 2,14.22-33 / Sal 16 (15) / Mt 28,8-15

“...No tengan miedo”.

Martes:  Hch 2,36-41 / Sal 33 (32) / Jn 20,11-18

“...He visto al Señor y me ha dicho esto”.

Miércoles:  Hch 3,1-10 / Sal 105 (104) / Lc 24,13-35

“...Es verdad: el Señor ha resucitado...”.

Jueves:  Hch 3,11-26 / Sal 8 / Lc 24,35-48

“Miren mis manos y mis pies: soy yo”.

Viernes:  Hch 4,1-12 / Sal 118 (117) / Jn 21,1-14

“Jesús se acercó, tomó el pan y se lo repartió”.

Sábado:  Hch 4,13-21 / Sal 118 (117) / Mc 16,9-15

“...anuncien la Buena Nueva a toda la creación”.

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