Mateo-538-48Padecer por culpa de otra persona es una experiencia límite. Al sufrir porque otro lo quiso conscientemente, perdemos el control y nos sentimos incitados al desquite.

Las situaciones que plantea el evangelio de hoy corresponden a esa experiencia del mal físico (golpes, heridas), que es también moral (ofensas, amenazas, traumas emocionales). Jesús las replantea y nos presenta otra respuesta: “Han oído que se dijo… Yo, en cambio, les digo.”

A estas palabras de hoy y del domingo pasado se les llama “antítesis”. Unos dicen que con ellas Jesús echa abajo los preceptos del Antiguo Testamento y pone en pie nuevas disposiciones. En realidad, no busca abolir la Ley, sino hacerla crecer, abriéndola al horizonte al que debería conducir: a “ser perfectos”, como lo es nuestro Padre.

Dios no tiene enemigos. No mira ni trata así a nadie. Aunque en la naturaleza y el universo se dan la lucha y el abuso, Dios llama al ser humano a construir un mundo sin enemigos, porque la confrontación y la violencia dañan a la humanidad. Al vernos como adversarios y comportarnos como tales, colaboramos con la muerte, que tiende a la aniquilación del otro. El odio suele dirigirse a personas determinadas por motivos concretos. Pero hay quien odia de manera generalizada, como el terrorista y el sicópata, cuyos blancos no tienen rostro propio, salvo su pertenencia a un grupo o una sociedad.

El odio traumatiza al otro y crea una historia de seres lastimados. El que odia se empequeñece humanamente al entregar su corazón a la dinámica del desquite y la violencia. Incapaz de alegría, solo vive un disfrute enfermizo y sádico ante el mal ajeno.

En Cristo, Dios nos capacitó para un amor capaz de trascender la mera reciprocidad (te doy lo que recibo de ti). Jesús nos invita a una libertad
total, a un amor creciente, “asimétrico”, capaz de agacharse para levantar al otro del mal que (me) hizo. El amor no me exige tratar a quien me perjudicó con la cordialidad del amigo o del familiar. El fruto de un amor que vence al odio y perdona es no querer mal para quien me perjudicó, no devolver el daño recibido y no desear verlo sufrir. Así ama quien es discípulo de Jesús.

El miércoles próximo -inicio de la Cuaresma- recibamos la ceniza en la frente y en el corazón la unción de un amor dispuesto a perdonar.

PORQUE DIOS ES SANTO…
   (Lev 19, 1-2.17-18)
El eterno Dios es santo,
Uno y trino por esencia,
de bondadosa presencia
y belleza por encanto.
Nos cubre bajo su manto
y nos regala su amor.
Es voluntad del Señor
que no odiemos al hermano,
y si te ofende un pagano,
no le devuelvas rencor.

Si el Señor es compasivo,
no te olvides de sus dones,
y encontrarás mil razones
para dar tu donativo…
Dios te regala un recibo
si tú perdonas la ofensa;
siempre saldrá en tu defensa
aunque cometas pecados,
porque serán perdonados
y te dará su dispensa.

   Hno. Jesús Bayo, fms

Ora con la Palabra

 

Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor

 

Jn 20,1-9

“...iÉl ‘debía’ resucitar de entre los muertos!”.

Lunes:  Hch 2,14.22-33 / Sal 16 (15) / Mt 28,8-15

“...No tengan miedo”.

Martes:  Hch 2,36-41 / Sal 33 (32) / Jn 20,11-18

“...He visto al Señor y me ha dicho esto”.

Miércoles:  Hch 3,1-10 / Sal 105 (104) / Lc 24,13-35

“...Es verdad: el Señor ha resucitado...”.

Jueves:  Hch 3,11-26 / Sal 8 / Lc 24,35-48

“Miren mis manos y mis pies: soy yo”.

Viernes:  Hch 4,1-12 / Sal 118 (117) / Jn 21,1-14

“Jesús se acercó, tomó el pan y se lo repartió”.

Sábado:  Hch 4,13-21 / Sal 118 (117) / Mc 16,9-15

“...anuncien la Buena Nueva a toda la creación”.

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