Mateo-517-37Los letrados judíos estudiaban hasta los más mínimos detalles de la ley. Los fariseos ponían en su cumplimiento todos sus esfuerzos. Jesús dice que ese no es el camino para ser justos. Él enseña una “nueva justicia”. Por ejemplo, discutían los escribas hasta dónde había que meter las manos en el agua antes de comer. ¿Hasta la muñeca, el antebrazo o hasta el codo? Aferrados a esas discusiones, podían olvidarse de lo principal, de que las manos están hechas para trabajar, ayudar, acariciar…

Jesús, que vino a enseñarnos una vida humana en plenitud, recoge del Antiguo Testamento los diez mandamientos que Dios enseñó a Moisés, y se fja en el fundamento que nos hace posible vivirlos. Lo verdaderamente importante es: “amarás al Señor tu Dios con todo el corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente. Y a tu prójimo como a ti mismo” (Lc 10, 25-27). Esto lo afirma Jesús antes de exponer la parábola donde el buen samaritano se conmueve, levanta, cura y se hace cargo del asaltado. La razón para amar de esta manera no es para ser amados por Dios, sino porque
Dios nos ama a nosotros de manera incondicional y con todo su amor sin medida.

Retoma Jesús tres ejemplos de la vida cotidiana. No basta con no matar a los demás, sino que hay que cuidar la relación hasta los más mínimos detalles: tratar con respeto, sanar cualquier ruptura, no maltratar con las palabras ni los hechos. No basta con no cometer adulterio, sino que hay que cuidar el respeto a la mujer ajena ya desde los deseos de nuestro corazón y en la manera de mirarla. No basta con no jurar usando el nombre de Dios en vano, sino que hay que ser transparentes en la relación, diciendo sí o no, respetando la verdad.

Nos enseña Jesús que el camino del crecimiento en la vida verdadera, delante de Dios y de toda persona, no consiste en leyes minuciosas, sino en vivir en el amor sin medida de Dios. Desde ese amor hemos de esforzarnos por sostener relaciones sanas con los demás y por crear una vida verdaderamente humana para toda persona, sin exclusión ninguna. En este camino, siempre podemos crecer como una gracia de Dios que pedimos y acogemos.

SI QUIERES, SERÁS LIBRE 
     (Eclo 15,16-21)
Si tú quieres, guardarás
en la mente su mandato,
y con ánimo sensato
su voluntad cumplirás.
No comprende Satanás
el divino mandamiento,
ni tiene conocimiento
de las leyes del Amor
que nos revela el Señor
para darles cumplimiento.


La elección de muerte o vida
Dios nos dejó a los humanos,
con libertad en las manos
para escoger la salida.
Porque el pecado es herida,
nos avisa la conciencia,
pues Dios conoce la ciencia
de sanar los corazones,
y guía nuestras acciones
al practicar la prudencia.

   Hno. Jesús Bayo, fms

Ora con la Palabra

 

Domingo 23 de febrero: VII del Tiempo Ordinario

 

Mt 5,38-48

“...Él hace brillar su sol sobre malos y buenos...”.

Lunes:  St 3,13-18 / Sal 19 (18) / Mc 9,13-28

“...lo tomó de la mano y le ayudó a levantarse...”.

Martes:  St 4,1-10 / Sal 55 (54) / Mc 9,29-36

“...El Hijo del Hombre va a ser entregado…”.

Miércoles de Ceniza:  Jl 2,12-18 / Sal 51 (50) / 2 Co 5,20 al 6,2 / Mt 6,1.6.16-18

“...tu Padre que ve en lo secreto, te premiará”.

Jueves:  Dt 30,15-20 / Sal 1 / Lc 9,22-25

“...Si alguno quiere seguirme, que se niegue a sí mismo...”.

Viernes:  Is 58,1-9a / Sal 51 (50) / Mt 9,14-15

“Llegará el tiempo en que el novio les será quitado...”.

Sábado: Is 58, 9b-14 / Sal 86 (85) / Lc 5,27-32

“No he venido para llamar a los buenos...”

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