Mateo5-13-16

 

Tras las bienaventuranzas del domingo pasado, nos encontramos hoy con dos imágenes que señalan la misión del discípulo:ser sal y ser luz. Realidades tan familiares como estas nos indican por dónde nos llevará el seguimiento de Jesús.

La sal se une al sabor de cada alimento, no para imponérsele ni sustituirlo. Sabe destacar lo bueno de cada plato con humildad. Invita a disolvernos anónimamente en la masa y a disminuirnos para que “lo del otro” cobre protagonismo. La vida del cristiano da fruto cuando, sin imponerse, anima al hermano o hermana a poner de relieve lo mejor de sí, a ofrecerse a los otros en servicio y con alegría. En cambio, se frustra si no despierta en el otro el deseo de dar fruto propio. Se vuelve insípida si se despreocupa de ayudar al otro a mostrar lo bueno de sí.

La luz, que como forma de energía del universo ha ocupado las mentes de los científcos más especulativos, se nos muestra en la sencillez de lo cotidiano. Visita todo lo que encuentra a su alrededor y se confunde con su entorno para que este muestre sus fguras y colores propios.Buscamos la luz y la valoramos porque nos ayuda a descubrir los rasgos de lo que nos rodea y nos facilita encontrar lo que buscamos.

Como discípulos de Jesús, estamos puestos por Él en el mundo -y no en los sótanos- para que la presencia del Señor y su gracia toquen las vidas de los demás y los muevan a iluminar a los otros. El testimonio de mi vida puede provocar en el otro el surgimiento y desarrollo de su propia identidad humana y cristiana y el cambio de sentido de la existencia que, en lugar de girar incesantemente en torno a sí misma, sale hacia el otro para servirle y manifestarle el amor de Dios.

Al no preguntarme si mi vida ilumina u oscurece la existencia de los demás, ¿no corro el peligro de convertirme en uno de esos “hoyos negros” que dan vueltas por el universo, capaces de sepultar en si todo lo que de luminoso e inspirador pasa por su horizonte? De no ser fuente de luz para los demás, Dios me libre, seré sótano o tumba para lo bueno que el Señor ha dado a otros y que espera por un hermano o hermana que lo aliente a crecer y a darse.


BRILLARÁS COMO LA AURORA
      (Is 58, 7-10 – V a)
Parte el pan con el hambriento,
hospeda al que está sin casa,
a quien sin vestido pasa
alíviale el sufrimiento.
La sed mitiga al sediento
y manará la justicia.
No cultives la avaricia
ni la opresión malhechora
para que nazca la aurora
y anuncie el sol su noticia.

Las luces del nuevo día
esfuminan la tiniebla,
y la tierra se repuebla
de rebosante alegría.
Como el sol a mediodía
resplandecen las virtudes.
Te seguirán multitudes
si eres justo y compasivo,
con un corazón activo
de prudentes actitudes.

Hno. Jesús Bayo, fms

Ora con la Palabra

 

Domingo 23 de febrero: VII del Tiempo Ordinario

 

Mt 5,38-48

“...Él hace brillar su sol sobre malos y buenos...”.

Lunes:  St 3,13-18 / Sal 19 (18) / Mc 9,13-28

“...lo tomó de la mano y le ayudó a levantarse...”.

Martes:  St 4,1-10 / Sal 55 (54) / Mc 9,29-36

“...El Hijo del Hombre va a ser entregado…”.

Miércoles de Ceniza:  Jl 2,12-18 / Sal 51 (50) / 2 Co 5,20 al 6,2 / Mt 6,1.6.16-18

“...tu Padre que ve en lo secreto, te premiará”.

Jueves:  Dt 30,15-20 / Sal 1 / Lc 9,22-25

“...Si alguno quiere seguirme, que se niegue a sí mismo...”.

Viernes:  Is 58,1-9a / Sal 51 (50) / Mt 9,14-15

“Llegará el tiempo en que el novio les será quitado...”.

Sábado: Is 58, 9b-14 / Sal 86 (85) / Lc 5,27-32

“No he venido para llamar a los buenos...”

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