Jn1 29-34

El evangelista Juan nos habla del bautismo de Jesús que Lucas y Mateo nos narran con detalle. Es uno de los episodios más importantes para Jesús, porque cambiará su vida radicalmente.

Jesús vivía en Nazaret, sin hacer nada extraordinario que llamase la atención. Hasta su taller de carpintero llegó un día el rumor de que Juan estaba bautizando en el Jordán, anunciando un tiempo nuevo. Se sintió estremecido por la noticia y se puso en camino. Allí se encontró con muchas personas inquietas por la situación del país. El pueblo hambriento estaba sometido por el poder y saqueado por los impuestos del Imperio Romano, de los gobernantes judíos y de las autoridades religiosas. Todo parecía cerrado y bajo control, pero el Bautista abría una brecha, la llegada inminente de un Mesías enviado por Dios.

Jesús escuchó a Juan y compartió con la gente venida desde diferentes partes del país. No se quedó paralizado por el sufrimiento que todos contaban. Sí se sintió conmovido y se bautizó como uno más de los que esperaban la intervención de Dios. Cuando estaba orando, lleno del Espíritu, oyó que el Padre le decía: “Tú eres mi Hijo
muy querido, mi elegido”. Se sentía solidario con su pueblo, hijo del Padre y hermano de todos, cargaba el dolor y el pecado de todos. Se convirtió a una nueva vida. Había llegado la hora de dejar Nazaret y empezar la entrega absoluta para acoger y crear esa buena noticia anunciada por Juan y ofrecida por el Padre. Se fue al desierto para buscar en la oración la manera de anunciar la llegada del Reino de Dios.

Los comienzos son pequeños, vulnerables, expuestos, pero son el germen de algo muy grande que llevan dentro, como las semillas de trigo en el surco ya contienen en su interior el pan que se compartirá en la mesa familiar. Así empieza Jesús, desde abajo y sin poder, inventando las palabras y los gestos que  expresan la vida nueva que el Padre ofrece para todos. No se quedará junto al Jordán como Juan, esperando que la gente llegue, sino que buscará a las personas donde están, en sus tierras, casas, lugares de trabajo, situaciones humanas de enfermedad, de desprestigio social, de marginación religiosa, de desencanto, para anunciarles que ahí donde se encuentran ya llega el don del Reino de Dios que lo transforma todo.

LUZ DE LAS NACIONES
   (Is 49, 3-6)
Eres mi siervo querido
de quien estoy orgulloso;
el Espíritu amoroso
con su perfume te ha ungido.
Por mi mano bendecido,
te hago luz de las naciones.
Te colmaré con mis dones,
yo seré tu compañero,
tu guía por el sendero,
y te daré provisiones...


¿Cómo ser Luz de las Gentes
cuando arrecia el viento frío
y el pueblo se muestra impío
por países inclementes?
¿Cómo mostrarse prudentes
en medio de la maldad?
Fe, esperanza, caridad
cultivemos en la vida,
y veremos florecida
en el mundo la bondad.

Hno. Jesús Bayo, fms

Ora con la Palabra

 

Domingo 26 de enero: III del Tiempo Ordinario

 

Mt 4,12-23

“La gente que vivía en la oscuridad ha visto una luz muy grande...”.

Lunes:  2 Sm 5, 1-10 / Sal 89 (88) / Mc 3,22-30

““...se les perdonará todo a los hombres...”.

Martes:  2 Sm 6,12b-15.17-19 / Sal 24 (23) / Mc 3,31-35

“…¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?”.

Miércoles:  2 Sm 7,4-17 / Sal 89 (88) / Mc 4,1-20

“...se les ha dado el misterio del Reino de Dios...”.

Jueves:  2 Sm 7,18-19.24-29 / Sal 132 (131) / Mc 4,21-25

“...al que produce se le dará más...”.

Viernes:  2 Sm 11,1-4ª.5-10ª.13-17 / Sal 51 (50) / Mc 4,26-34

“La tierra da fruto por sí misma...”.

Sábado:  2 Sm 12,1-7ª.10-17 / Sal 51 (50) / Mc 4,35-41

“¿Todavía no tienen fe?”.

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