Mt11 -2-11

Dios está llegando constantemente a nuestras vidas. Se acerca siempre con una novedad inesperada para salvarnos de lo que nos impide vivir con plenitud. También llegan hasta nosotros todo tipo de ofertas revestidas de brillo y de propaganda que nos proponen la dicha inmediata al alcance de la mano. Es necesario conocer el estilo de Dios para no dejarnos engañar y reconocerlo hoy en medio de nosotros.

Juan estaba en la cárcel y llegaban hasta sus oídos los rumores de los hechos y palabras de Jesús. Los seguía con interés. Estaba esperando la noticia de algún acontecimiento poderoso que fuese la prueba de que el Mesías había llegado. Tal vez ejecutaría una condena contundente que eliminase de un tajo a los perversos. Él lo había imaginado con un hacha en la mano para cortar de raíz toda opresión. Pero ese signo prodigioso tardaba en aparecer. Juan envía dos discípulos a preguntarle a Jesús: “¿Eres tú el que tenía que venir o esperamos a otro?”. Jesús no hace un discurso a su favor. Simplemente les pide que le cuenten a Juan lo que hace y lo que dice.

Jesús se movía cerca de personas heridas, sin prestigio ninguno. Ciegos, cojos,
sordos, leprosos y pecadores públicos, eran los últimos de la vida. Eran vistos como seres mutilados, castigados por Dios, que arrastraban su existencia lejos del prestigio social y religioso. Al acercarse Jesús a ellos, recuperaban su salud y subían llenos de dicha desde los abismos humanos hasta el centro de la vida ciudadana. Con una cercanía insuperable, Jesús revivía a todo el que encontraba, y le devolvía la alegría y la esperanza. Se movía por las aldeas perdidas de Galilea, por las orillas del lago, entre personas sencillas del pueblo, y a todos les anunciaba la noticia de que el reino de Dios había llegado, invitándoles a entrar en esa nueva. ¡Dichososlos que no se escandalizan de este Dios pobre y humilde, que va rehaciendo la vida persona a persona, comenzando por los más heridos!

Juan fue “el hombre más grande nacido de mujer”, el último profeta del Antiguo Testamento. Pero el más  pequeño del reino de Dios que llegó con Jesús, es más grande que Juan. En este Adviento estamos atentos para acoger la novedad que Jesús nos trae. Ya conocemos cómo actúa, trayendo vida. Su humildad nos puede confundir.

EL RETOÑO DE JESÉ
   (Is 11, 1-10)
Un retoño brotará
de la raíz de Jesé,
en quien ponemos la fe
porque vida nos dará.
Al brote descenderá
el Espíritu de Amor:
ciencia, consejo, valor,
piedad y sabiduría
que nos traen alegría
y presencia del Señor.

Al pobre y desamparado
defenderá con justicia,
y dejará su caricia
al huérfano abandonado.
El retoño que ha brotado
nos regala toda ciencia:
da la paz sin apariencia,
con su espíritu nos toca,
y el aliento de su boca
pronuncia dulce sentencia.


Hno. Jesús Bayo, fms

Ora con la Palabra

 

Domingo 16 de agosto: XX del Tiempo Ordinario

 

Mt 15,21-28

“...Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas”.

Lunes:  Ez24,15-24 / Interlec. Dt 32 / Mt 19,16-22

“...vende lo que tienes...”.

Martes:  Ez 28,1-10 / Interlec. Dt 32 / Mt 19,23-30

“...recibirá cien veces más...”.

Miércoles:  Ez 34,1-11 / Sal 23 (22) / Mt 20,1-16

“...los últimos serán los primeros...”.

Jueves:  Ez 36,23-28 / Sal 51 (50) / Mt 22,1-14

“...muchos son los llamados y pocos los escogidos”.

Viernes:   Ez 37,1-14 / Sal 107 (106) / Mt 22,34-40

““...Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón...”.

Sábado: Santa María Reina, Virgen
Is 9,1-3.5-6 / Sal 113 (112) / Lc 1,26-38

“Aquí tienes a la sierva del Señor”.

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