Mt-3 1-12Vigilar, estar alertas, estar preparados. Este primer domingo de Adviento nos convida a tomar en serio estas invitaciones que hace Jesús a sus discípulos. El tono del mensaje es apocalíptico, es decir, hace referencia al fnal de los tiempos.

Ese final no tiene fecha en el calendario. No sabemos ni el día ni la hora. “A la hora que menos piensen”, dice Jesús. Al no saber el “cuándo”, se nos insiste en el “cómo” de la espera.

Ese “cómo” es una permanente actitud de discernimiento. El discernimiento es la actividad espiritual propia de los seguidores de Jesús. La inquietante capacidad del Resucitado de aparecerse “a la hora menos pensada” y de las formas más sorprendentes nos obliga a vivir en atención a los “signos de los tiempos”. La atención no tiene que ser tensa. Nuestra espera no es angustiosa ni marcada por el temor. Es una mirada amorosa y confiada que busca descubrir en la historia cotidiana el paso de Jesús resucitado.

La experiencia de la Resurrección es precisamente lo que le quita a la espera cristiana cualquier vestigio de temor o de angustia. No podemos predecir lo que el futuro nos depara. No sabemos la forma en que se manifestará Jesús en nuestro caminar. Pero sabemos, con la certeza que da la fe, que el Señor estará siempre a nuestro lado. Esa presencia no es un escudo que nos proteja de todo dolor o sufrimiento. No nos exonera de poner todo nuestro esfuerzo para encontrar la respuesta adecuada a los acontecimientos. Pero, sí nos quita de los hombros el peso de creer que somos nosotros los que tenemos que salvar al mundo.

Lo que nos toca en este tiempo de espera indefnida es atender al momento presente. Vivir en el presente, el único tiempo que está a nuestro alcance. El pasado ya no puede ser tocado. El futuro no ha llegado. En la lectura del evangelio Jesús hace referencia a eventos de la historia bíblica de Noé y a eventos más contemporáneos. Lo que es común es el no saber, la llegada de la hora “menos pensada”.

Al comparar la venida del “fnal de los tiempos” con el ataque de un ladrón en la noche, Jesús nos recuerda que la vida cristiana es combate. De nuevo, en tiempo de guerra, se hace indispensable la vigilancia. Estén preparados.

HACIA LA PAZ DEL REINO
       (Is 2, 1-51)
Caminarán las naciones
hacia la luz del Señor,
recobrarán su vigor
los marchitos corazones.
Ya no habrá más opresiones,
los hombres serán dichosos.
Vendrán pueblos numerosos
hasta la cumbre de Sión
a cantar en su bastión
gestas y eventos gloriosos.


De las espadas, arados
forjaremos en la tierra,
no habrá más odio ni guerra,
y seremos consolados…
El arma de los soldados
se hará pan de compañeros,
brindando a los forasteros
la paz con buena acogida,
y esperando en otra vida
gozos imperecederos.

   Hno. Jesús Bayo, fms

Ora con la Palabra

 

Domingo 8 de diciembre: II de Adviento

 

Mt 3,1-12

“...después de mí viene uno con más poder que yo...”.

Lunes: Inmaculada Concepción de la Stma. Virgen María 
Gn 3,9-15.20 / Sal 98 (97) / Ef 1,3-6.11-12 / Lc 1,26-38

“...Alégrate, llena de gracia...”.

Martes:  Is 40,1-11 / Sal 96 (95) / Mt 18,12-14

“...no quieren que se pierda ni tan solo uno...”.

Miércoles:  Is 40,25-31 / Sal 103 (102) / Mt 11,28-30

“...mi yugo es suave y mi carga liviana”.

Jueves: Nuestra Señora de Guadalupe, patrona de América 
Eclo o Sir 24,23-31 / Sal 67 (66) / Lc 1,39-45

“...¡Bendita tú eres entre las mujeres...!”.

Viernes:  Is 48,17-19 / Sal 1 / Mt 11,16-19

“...la sabiduría de Dios no se equivoca...”.

Sábado:  Eclo o Sir 48,1-4.9-11 / Sal 80 (79) / Mt 17,10-13

“...harán sufrir al Hijo del Hombre”.

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