Lc191-10
Dicen los matemáticos que el orden de los factores no altera el producto. Esa afirmación no se cumple en este evangelio. El episodio de Zaqueo, el cobrador de impuestos, es una de las joyas literarias a las que nos tiene acostumbrados San Lucas.

Contiene una riqueza enorme de enseñanzas sobre Jesús. San Lucas nos presenta un intercambio de iniciativas. Está la de Zaqueo, un hombre despreciado en su pueblo por su profesión, odiado cobrador de impuestos. Encima de eso, tramposo y aprovechado de su posición. Sin embargo, algo lo mueve a buscar a Jesús.
Ha oído hablar de Él. Quiere por lo menos verlo. No tiene la menor esperanza de que este predicador ambulante, con fama de santidad, quiera juntarse con él.

Junto a la iniciativa de Zaqueo está la de Jesús. Tiene que haberle hecho algo de gracia a Jesús ver a este hombre, pequeño de estatura, subirse a un árbol para verlo pasar. Postura poco digna. Conociendo bien la fama de Zaqueo, Jesús lo invita a bajar y se invita Él mismo a casa de Zaqueo: “Hoy tengo que hospedarme en tu casa.”

Estas dos iniciativas reciben un rotundo rechazo de parte de la población. ¿Qué se cree este hombre? Y Jesús, ¿acaso no sabe quién es este maleante? ¡¡¡Va a hospedarse en casa de un pecador!!!

Jesús ignora todos estos comentarios. Nos fijamos que Zaqueo todavía no ha dado ninguna muestra de arrepentimiento de sus abusos y fraudes. Solamente cuando Jesús entra en su casa, es que Zaqueo, tocado en su corazón por la acogida y la falta de rechazo de Jesús hacia su persona, promete cambiar su conducta. “Prometo dar la mitad de mis bienes a los pobres (de ellos los había robado). Prometo restituir cuatro veces a los que he estafado con mis impuestos.”

Jesús entonces declara lo que ya había pasado antes de estos pronunciamientos de Zaqueo. “Hoy ha entrado la salvación a esta casa.” Ahora Zaqueo puede decir con orgullo que él también es hijo de Abraham.

El Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido. Si Zaqueo restituye lo mal habido, también Jesús le restituye su dignidad y lo hace sin  esperar a que este dé muestras de conversión. Aquí el orden de los factores sí altera el producto.


EL SEÑOR ES COMPASIVO
   (Sab 11,23-12,2)
Oh, Señor, el mundo entero
pasa ante Ti como escena
con los pies sobre la arena
y destello pasajero.
El rocío mañanero
es fgura de la vida,
pues se cura nuestra herida
cuando cerramos los ojos
y olvidamos los despojos
en mano compadecida.


Dios bondadoso y clemente
nos perdona los pecados
a sus hijos bien amados
y al malhechor penitente.
Nos puso un signo en la frente
que signifca su amor.
No tenemos más temor,
pues nos quiso como amigos,
y advierte a sus enemigos
porque no sufran horror.

Hno. Jesús Bayo, fms

Ora con la Palabra

 

Domingo 10 de noviembre: XXXII del Tiempo Ordinario

 

Lc 20,27-38

“Él no es Dios de muertos, sino de vivos, y todos viven por Él”.

Lunes: Sb 1,1-7 / Sal 139 (138) / Lc 17,1-6

“...si se arrepiente, perdónalo”.

Martes:  Sb 2,23 al 3,9 / Sal 34 (33) / Lc 17,7-10

“...Somos servidores no necesarios...”.

Miércoles:  Sb 6,1-12 / Sa 82 (81) / Lc 17,11-19

“...Levántate y vete; tu fe te ha salvado”.

Jueves:  Sb 7,22 al 8,1 / Sal 119 (118) / Lc 17,20-25

“...antes tiene que sufrir mucho y ser rechazado...”.

Viernes:  Sb 13,1-9 / Sal 19 (18) / Lc 17,26-37

“El que intente guardar su vida la perderá...”.

Sábado:  Sb 18,14-16; 19,6-9 / Sal 105 (104) / Lc 18,1-8

“...les hará justicia, y lo hará pronto”.

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