Lc-17 5-10
En los Ejercicios Espirituales de San Ignacio, se nos dice en el Principio y Fundamento, la consideración que encabeza esta experiencia, que somos creados para alabar, hacer reverencia y servir a Dios. Creo que tenemos bastante bien asimilado esto de que nuestra vida tiene que ser servicio a nuestro Creador y Señor.

Cuando nuestra mirada se dirige más a nuestro servicio que al Dios a quien servimos, empezamos a sentirnos muy orgullosos de lo importante y valiosa que es nuestra contribución. Comenzamos quizás a preguntarnos cómo podrá subsistir el Reino de Dios cuando no estemos.

En el evangelio de hoy, Jesús nos baja los humos, al compararnos con los sirvientes que han trabajado todo el día en el campo labrando o pastoreando. Cuando vuelven a la casa, no se les ocurre pretender que su señor se ponga a servirles la mesa. Cuando hayan cumplido todas sus tareas, tienen que decir: “Somos unos pobres siervos; solamente hicimos lo que nos tocaba hacer”. No esperamos aplausos ni homenajes.

La motivación para esta actitud de humilde servicio viene del ejemplo del mismo Jesús. Él nos dijo que no vino a ser servido, sino a servir. Lo demostró en la Última Cena cuando lavó los pies de los discípulos, trabajo reservado a esclavos y sirvientes.

Volviendo a los Ejercicios Espirituales de San Ignacio, en la Contemplación para alcanzar amor, el último de los “ejercicios” propuestos por él, hay una sorprendente afrmación. En el tercer punto, somos invitados a ver cómo Dios trabaja por nosotros. Dios a nuestro servicio.Mucho antes de que se nos ocurriera trabajar por el Reino, ya Dios estaba presente en nuestra historia trabajándola con exquisito cuidado y dedicación. La invitación es a unirnos a Él en su trabajo con nuestro servicio.

No solamente nos encontramos con Dios cuando oramos. También lo hacemos cuando estamos empeñados en nuestras tareas cotidianas. Estamos llamados a ser contemplativos en la acción, además de ser contemplativos en la oración.

Esta visión de Dios como trabajador a nuestro servicio nos exalta: somos co-creadores con Dios. Al mismo tiempo nos devuelve a nuestra condición de creaturas que lo reciben todo del Creador, incluyendo su servicio a nuestro favor.

Terminamos nuestra lectura de este evangelio con la petición de los discípulos a Jesús: “Auméntanos la fe.”


EL JUSTO VIVE DE FE
(Hab 1, 2-3; 2, 2-4)
Varón recto es generoso,
y el justo vive de fe,
porque con el alma ve
al Dios misericordioso.
Cuando el varón es virtuoso
no practica la impiedad,
ejerce la caridad,
la esperanza y el perdón,
cultivando con pasión
violetas de la humildad.


Escucha la voz del cielo
si quieres ser un creyente,
y lleva sobre tu frente
la diadema del consuelo.
Pues tendrás en este suelo
la gracia del peregrino
que marcha por el camino
con su mirada en la meta:
senda de estrella y cometa
te llevará hasta el destino.

Hno. Jesús Bayo, fms

Ora con la Palabra

 

Domingo 10 de noviembre: XXXII del Tiempo Ordinario

 

Lc 20,27-38

“Él no es Dios de muertos, sino de vivos, y todos viven por Él”.

Lunes: Sb 1,1-7 / Sal 139 (138) / Lc 17,1-6

“...si se arrepiente, perdónalo”.

Martes:  Sb 2,23 al 3,9 / Sal 34 (33) / Lc 17,7-10

“...Somos servidores no necesarios...”.

Miércoles:  Sb 6,1-12 / Sa 82 (81) / Lc 17,11-19

“...Levántate y vete; tu fe te ha salvado”.

Jueves:  Sb 7,22 al 8,1 / Sal 119 (118) / Lc 17,20-25

“...antes tiene que sufrir mucho y ser rechazado...”.

Viernes:  Sb 13,1-9 / Sal 19 (18) / Lc 17,26-37

“El que intente guardar su vida la perderá...”.

Sábado:  Sb 18,14-16; 19,6-9 / Sal 105 (104) / Lc 18,1-8

“...les hará justicia, y lo hará pronto”.

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