Lucas16 -1-13En las parábolas de Jesús, el cargo de administrador representa una responsabilidad entregada por Dios a quien merece confanza. Se trata de administrar lo de Dios, lo que implica prestar un servicio, en nombre de Él, a los demás. Quien administra gestiona el bien de otros, o sea, destinado a ellos. Si lo dilapida o lo desvía de sus destinatarios, pierde la confanza de Dios. Lo que se pide al administrador es que sea fel (1Co 4, 2).

La imagen de la gestión administrativa es tan general como para aplicarla, además del dinero, a otros bienes confados: recursos, propiedades, mercancías, rasgos personales o familiares, carismas, competencias... Podemos trazar el origen de cualquier don a Dios, que nos llena de regalos antes de que los valoremos o discernamos su destino. Sus dones nos preceden. Después descubrimos la misión que encierran: no son para disfrute personal, sino para compartirlos.

Lo curioso es que Jesús alaba en el evangelio de hoy la inteligencia de un administrador corrupto que, ante la amenaza de verse despedido, se las arregla para cumplir tardíamente y resarcir en algo a su señor. Persona sagaz, da con una solución que impida arruinar su relación con el señor: favorece a otros que defenderán su mala gestión. Renunciando a su comisión, recupera con qué dar alguna satisfacción al dueño. Logra hacerse amigos con el dinero que habría de ser su perdición.

Jesús emplea este recurso en pasajes como la parábola del que partió al extranjero para conseguir una corona, imagen de Herodes, el rey sanguinario. El mensaje sería: si los hijos de este mundo son sagaces para salvarse favoreciendo a los suyos, los hijos de la luz deben usar su inteligencia para favorecer a muchos. Hasta del malo y avispado se puede aprender algo.

Vamos conociendo un siglo XX en que muchos tiraron la misión recibida a la cuneta, dañando gravemente a los que esperaban ser servidos. En el siglo XXI respiramos ambientes enrarecidos por el tufo de guerras pasadas, con suelos duros en que la dignidad humana se pisotea y a los hijos e hijas de Dios se les presiona para hacerse cómplices contra el bien común.

Los tiempos piden discernimiento: descubrir dónde está el bien e inteligencia para alcanzarlo, desechando el mal. Es la vía para hacer amigos que nos defendan al llegar a las puertas del Reino de Dios; lo que, en realidad, es cosa de todos los días.


AMBICIÓN INJUSTA
    (Am 8, 4-7)
El exceso del dinero
al avariento seduce
y con frecuencia conduce
a engendrar un pordiosero.
Quien es ambicioso y fero
comete una mala acción…
Siempre crece la ambición
en quien oprime al hermano,
robando panes y grano
al pobre sin compasión.


Dios me libre del abuso,
de quitar la libertad
y de robar la igualdad,
o ser en tu casa intruso.
Los bienes son para el uso
de todo el género humano.
No retengas en tu mano
ningún injusto tesoro,
ni amases plata con oro
esclavizando a tu hermano.

Hno. Jesús Bayo, fms

Ora con la Palabra

 

Domingo 10 de noviembre: XXXII del Tiempo Ordinario

 

Lc 20,27-38

“Él no es Dios de muertos, sino de vivos, y todos viven por Él”.

Lunes: Sb 1,1-7 / Sal 139 (138) / Lc 17,1-6

“...si se arrepiente, perdónalo”.

Martes:  Sb 2,23 al 3,9 / Sal 34 (33) / Lc 17,7-10

“...Somos servidores no necesarios...”.

Miércoles:  Sb 6,1-12 / Sa 82 (81) / Lc 17,11-19

“...Levántate y vete; tu fe te ha salvado”.

Jueves:  Sb 7,22 al 8,1 / Sal 119 (118) / Lc 17,20-25

“...antes tiene que sufrir mucho y ser rechazado...”.

Viernes:  Sb 13,1-9 / Sal 19 (18) / Lc 17,26-37

“El que intente guardar su vida la perderá...”.

Sábado:  Sb 18,14-16; 19,6-9 / Sal 105 (104) / Lc 18,1-8

“...les hará justicia, y lo hará pronto”.

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