Maria de la Caridad
Llega el 8 de septiembre y siempre lo notamos. Es el día de la madre del Señor, cuya festa tiene los rasgos de lo muy nuestro y entrañable, la palma, la bandera y el dulce de guayaba con queso: la Virgen de la Caridad del Cobre.

Su paso y presencia entre nosotros tiene el aroma del mar. Llegó por Nipe, caminando sobre olas al encuentro de los Juanes, de los más pobres de la Isla. Por iniciativa de Dios, vino a acompañarnos como pueblo, aun antes de ser cubanos. Cuando hubo que luchar por serlo, estuvo con el mambí en la manigua y junto a su familia inquieta. Ya república, siguió entre nosotros, ayudando a gestar logros y a superar fracasos. Con la segunda mitad del siglo XX, atendió los ruegos musitados en silencio, anidados donde nadie más podía verlos y nos salió al encuentro desde ambos lados del mar. Así ha sido hasta el día de hoy.  Su imagen está en El Cobre, pero siempre la hallamos a nuestro lado, en la Isla y lejos de ella, donde cubanas y cubanos enfrentan los afanes diarios con el corazón cosido al manto de Cachita. A imagen de su Hijo, su tienda está entre nosotros.

Su modo de hacerse presente y acompañar viene de lejos. Después de recibir el anuncio del ángel, al saber que Isabel lleva en su vientre a Juan Bautista, sale a ayudarla. A su llegada cada una reconoce en la otra el don recibido. Sus corazones se unen para bendecirlo y bendecirse mutuamente. En su encuentro brotan la bienaventuranza -bendita tú entre las mujeres- y la alegría.

Nos habla con el acento de lo dicho en Caná: “Hagan lo que Él les diga”. San Ignacio de Loyola pedía a nuestra Señora que “lo pusiera con su Hijo”. María es lugar de paso y de llegada para nuestra fe: si de veras nos encontramos con ella, terminaremos junto a Jesucristo. Si no lo conseguimos, ¿no será porque aun no nos hemos encontrado con ella? A veces nuestros intereses -conseguir esto o lo otro- nos nublan la vista y no nos dejan ver que María lleva a su Niño en brazos, junto con la Cruz, porque es imposible dar con María y no ver a Jesús. Y, si no lo vemos, ¿no será porque buscamos algo diferente de lo que Ella es? Ajustemos nuestra mirada de fe y conoceremos la alegría.

Ora con la Palabra

 

Domingo 26 de enero: III del Tiempo Ordinario

 

Mt 4,12-23

“La gente que vivía en la oscuridad ha visto una luz muy grande...”.

Lunes:  2 Sm 5, 1-10 / Sal 89 (88) / Mc 3,22-30

““...se les perdonará todo a los hombres...”.

Martes:  2 Sm 6,12b-15.17-19 / Sal 24 (23) / Mc 3,31-35

“…¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?”.

Miércoles:  2 Sm 7,4-17 / Sal 89 (88) / Mc 4,1-20

“...se les ha dado el misterio del Reino de Dios...”.

Jueves:  2 Sm 7,18-19.24-29 / Sal 132 (131) / Mc 4,21-25

“...al que produce se le dará más...”.

Viernes:  2 Sm 11,1-4ª.5-10ª.13-17 / Sal 51 (50) / Mc 4,26-34

“La tierra da fruto por sí misma...”.

Sábado:  2 Sm 12,1-7ª.10-17 / Sal 51 (50) / Mc 4,35-41

“¿Todavía no tienen fe?”.

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