Lc15 1-32
Cuando estamos perdidos, Dios nos busca. La imagen de Jesús compartiendo la palabra y la mesa con pecadores y descreídos enojaba a los dirigentes judíos. Ellos se apartaban de los pecadores para no contaminarse.

Jesús retoma la imagen de Dios que aparece en los momentos claves del Antiguo Testamento. Dios se acercó humildemente paseando hasta Adán y Eva, cuando se escondieron desconcertados y perdidos, y les renovó su misión de cuidar la tierra. Él estará siempre a su lado. Bajó hasta el desierto, donde el fugitivo Moisés cuidaba los rebaños, y le propuso ser su aliado para transformar a un pueblo de esclavos en un pueblo libre. Dios siempre está abajo y afuera, para buscarnos donde estamos perdidos.

Jesús es la imagen de Dios. Bajó hasta los enfermos desahuciados y solos, sin lazos afectivos, hasta los incomunicados por su sordera y su mudez, hasta los atados al paro por diferentes formas de parálisis físicas o sociales, hasta los excluidos en las afueras de las instituciones por la lepra de su origen étnico o su género, hasta los letrados presos en su maraña de leyes re
ligiosas y sociales y hasta los funcionarios de la sinagoga y del imperio obligados por su ofcio a controlar y reprimir.

Jesús baja hoy hasta las situaciones humanas donde las personas ya no pueden encontrar solas la vida, como la oveja ya no es capaz de encontrarse con el rebaño, ni la moneda perdida puede gritar a la mujer de la casa para que la busque, la libre de la basura y la sostenga en su mano.

Nosotros podemos llevar dimensiones de nuestra vida que están perdidas, paralizadas, extraviadas. Al no darnos cuenta, no nos dejamos encontrar por Dios ni por otras personas que pueden encargarse de nosotros para conducirnos hasta la alegría compartida en la festa comunitaria.

A las personas que, impulsadas por el Espíritu, buscan y llegan a las puertas de la comunidad, podemos acogerlas con el abrazo y la festa del Padre al hijo perdido, o detenerlas con una mirada que juzga y paraliza.

¿Sentimos que a nuestro corazón y a nuestra comunidad les faltan los nombres de personas perdidas, como al Padre de la parábola le faltaba su hijo cuando se sentaba cada día en la mesa?


UN DIOS ARREPENTIDO
  (Ex 32, 7-11.13-14)
“Mi pueblo se ha pervertido,
muy pronto se ha desviado
del camino señalado
porque su rumbo ha perdido.
Y mi furor se ha encendido
con ánimo de exterminar…”
¿Quién se atreve a suplicar
al Dios fuerte y justiciero?
Valiente, humilde y sincero,
Moisés quiso impetrar.


Miró Dios al mediador,
que -al pedir por los impuros-,
derribaba gruesos muros
y salvaba al pecador.
Consiguió el intercesor
calmar la ira divina…
Su misericordia fna
el Señor ha demostrado
al haberse retractado
de aniquilar con inquina.
(Y este Dios arrepentido
nos acoge en su costado).

Hno. Jesús Bayo, fms

Ora con la Palabra

 

Domingo 10 de noviembre: XXXII del Tiempo Ordinario

 

Lc 20,27-38

“Él no es Dios de muertos, sino de vivos, y todos viven por Él”.

Lunes: Sb 1,1-7 / Sal 139 (138) / Lc 17,1-6

“...si se arrepiente, perdónalo”.

Martes:  Sb 2,23 al 3,9 / Sal 34 (33) / Lc 17,7-10

“...Somos servidores no necesarios...”.

Miércoles:  Sb 6,1-12 / Sa 82 (81) / Lc 17,11-19

“...Levántate y vete; tu fe te ha salvado”.

Jueves:  Sb 7,22 al 8,1 / Sal 119 (118) / Lc 17,20-25

“...antes tiene que sufrir mucho y ser rechazado...”.

Viernes:  Sb 13,1-9 / Sal 19 (18) / Lc 17,26-37

“El que intente guardar su vida la perderá...”.

Sábado:  Sb 18,14-16; 19,6-9 / Sal 105 (104) / Lc 18,1-8

“...les hará justicia, y lo hará pronto”.

Otras noticias

 

Suscripción al boletín