Lc--12 -32-48
Sentido de pertenencia y vivencia de seguridad son el punto de partida del evangelio de hoy. Los pobres y humildes a quienes Jesús habla no tienen poder para imponerse a otros. Son “un pequeño rebaño”, cuya  fuerza consiste en su vinculación al único “fuerte”, Jesús, que compartió nuestra debilidad. De ahí, su consejo: “No temas”.

La fe cristiana nació en un grupo de discípulos y apóstoles al servicio de los pobres y humildes. Enraizó en pequeñas comunidades, por caseríos y barrios de gente de pueblo, que sobrellevaron la persecución del  mayor imperio de entonces, el romano.

Con su esperanza y resistencia no violenta, esos rebaños de perseguidos consiguieron que su fe se hiciera visible y ganara reconocimiento. Llegaron a ser mayoría, lo que movió a ciertos gobernantes a darles sus derechos y hasta algunos privilegios. Se fraguó así un régimen de cristiandad, sociedades en que la fe cristiana era la única fe admitida. De amenazada y perseguida, la Iglesia, ya con riquezas y autoridad, se  convirtió, para los que no eran suyos -e incluso para algunos que lo eran-, en un poder intimidante y perseguidor.

Con el advenimiento de la modernidad, el régimen de cristiandad fue cuestionado y encontró oposición. Se aspiraba a la libertad religiosa, al respeto del derecho de cada persona a vivir la fe que la motivara más. Aparecieron sociedades plurales y estados laicos. Los Papas y los obispos nos han enseñado que vivir en ellas es compatible con una fe sana y robusta. Una fe impuesta a otros o acostumbrada a privilegios hace más daño que bien.

Hemos vuelto a los tiempos del pequeño rebaño al que Jesús daba ánimo. Sabemos por experiencia lo que es perder, no solo privilegios, sino hasta derechos básicos, como en los primeros siglos de nuestra fe.

Recibamos las bienaventuranzas dirigidas a quienes, al ser parte de pequeñas comunidades sin privilegios, viven su fe con responsabilidad, alegría y fraternidad. Con voluntad de servir y orientados por una “mística de ojos abiertos”, encontraremos a Dios en las calles de un mundo complejo y conflictivo. Dichosos por ver que el Señor se acerca en medio de la noche y sorprendidos al ver que no solo nos sienta a su mesa, sino que también ¡nos sirve! Dicha inmerecida, ¡pero dicha!


ESPERANZA Y LIBERACIÓN
      (Sab 18,6-9)
No se pierde la esperanza
de mejoría futura,
y es señal de cordura
apostar por la confianza.
La historia del hombre avanza
buscando liberación
para el mundo y la nación
que nos ha visto nacer,
y todos queremos ser
frutos de resurrección.


Creemos en la promesa
de iniciativa divina,
pues su Palabra ilumina
y se cumple con certeza.
Radica nuestra grandeza
en amar sus mandamientos;
gritar a los cuatro vientos
que nuestro Dios es clemente,
bondadoso e indulgente,
de amables procedimientos.

Hno. Jesús Bayo, fms

Ora con la Palabra

 

Domingo 11 de agosto: XIX del Tiempo Ordinario

 

Lc 12,32-48

“...donde está tu tesoro, allí estará también tu corazón”.

Lunes: Dt 10,12-22 / Sal 147 (146-147) / Mt 17,22-27

“...Entonces los hijos no pagan”.

Martes:  Dt 31,1-8 / Interlec. Dt 32,3-12 / Mt 18,1-5.10.12-14

“...ésta le dará más alegría...”.

Miércoles:  Dt 34,1-12 / Sal 66 (65) / Mt 18,15-20

“...allí estoy yo, en medio de ellos”.

Jueves: Solemnidad de la Asunción de la Virgen María
Ap 11,19a;12,1.3-6a.10ab / Sal 45 (44) / 1 Co 15,20-27a / Lc 1,39-56

“...iBendita tú eres entre las mujeres...”.

Viernes:  Js 24,1-13 / 136 (135) / Mt 19,3-12

“...lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre”.

Sábado: Js 24,14-29 / Sal 16 (15) / Mt 19,13-15

“...no les impidan que vengan a mí...”.

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