Lc-11 -1-13
A la altura del evangelio de Lucas que hemos venido leyendo, encontramos esta escena en que los discípulos piden a Jesús enseñarles a orar. Ya han sido enviados en dos ocasiones por el Maestro. Han andado entre la gente, sin recursos materiales, sin técnicas proselitistas, tan solo con una buena noticia: el amor de Dios está cerca. Buscaban a quien escuchara, quien pusiera atención y corazón, quien preguntara. Y esperaban ser invitados a los hogares de sus oyentes y compartir un plato sencillo en torno a la fraternidad que iba naciendo. Lo habían vivido muchas veces en compañía de Jesús, pero, ahora, al salir ellos solos con alguno de los discípulos, encontrarse con Dios en la oración se convirtió en urgencia.

La petición de los discípulos - rezar como Jesús lo hace - nace de una necesidad apostólica sentida a lo largo del camino. ¿Cómo andar en medio de las gentes con la buena noticia de Dios y no saber conversar con Él?  esús les trasmite su propia oración: “Cuando oren, digan...”. Les da lo que lleva en su corazón de Hijo, que repasa los anhelos y preocupaciones apostólicas y humanas de cada día. Primero, el interés por las cosas  el Padre: santificado sea tu nombre, venga tu reino... Y, a continuación, las necesidades más perentorias: el  an de cada día, el perdón dado y recibido, la vigilancia ante la tentación y la urgencia de verse libres del mal. La oración que los apóstoles recibieron nos la trasmitieron para que entráramos en la oración de Jesús, una oración descentrada, para salir del estrecho cerco de nuestros intereses inmediatos.

La oración del cristiano debe reflejar su propia manera de vivir. Oramos según lo que creemos, pero también según lo que vivimos, lo que vamos aprendiendo a ser, lo que descubrimos cada día. Oramos como caminantes, asediados por múltiples necesidades y, al mismo tiempo, asombrados de cuánto encontramos cada día en nuestro andar con Dios, entre hermanos y extraños.

Nuestra manera de orar más sencilla, sincera y profunda es hacerlo “como pobres que piden lo que necesitan para vivir, como perdidos que buscan el camino que no conocen bien, como desvalidos que llaman a la puerta de Dios y del prójimo.” (J. A. Pagola). Que nuestra oración a la manera de Jesús, nos lo consiga.


INTERCESIÓN DE ABRAHÁN
    (Gén 18, 20-32)
Por Sodoma, la perversa,
ruega al Dios-Juez Abrahán,
intercede con afán,
le regatea y conversa…
Con su propuesta diversa
quiere librar inocentes…
Cuando hay culpables presentes,
el Señor siempre se apiada
y deja culpa olvidada
si tiene a un justo de frente.


En favor de los impíos,
del pecador y el culpable,
ante el Padre-Dios amable
también buscamos desvíos…
Él perdona desvaríos
y nos trata con ternura;
que nuestra mucha locura
con pecados y disgustos,
-en atención a los justos-,
el Señor alivia y cura.

Hno. Jesús Bayo, fms

Ora con la Palabra

 

Domingo 20 de octubre: XXIX del Tiempo Ordinario

 

Lc 18,1-8

“Yo les aseguro que les hará justicia...”.

Lunes: Rm 4,20-25 / Interl. Lc 1,69-75 / Lc 12,13-21

“...Eviten (…) toda clase de codicia...”.

Martes:  Rm 5,12.15b.17-19.20b-21 / Sal 40 (39) / Lc 12,35-38

“...¡felices esos sirvientes!”.

Miércoles:  Rm 6,12-18 / Sal 124 (123) Lc 12,39-48

“...llegará a la hora que menos esperan”.

Jueves:  Rm 6,19-23 / Sal 1 / Lc 12,49-53

“...más bien he venido a traer división”.

Viernes:  Rm 7,18-25a / Sal 119 (118) / Lc 12,54-59

“...no saldrás de allí...”.

Sábado: Rm 8,1-11 / Sal 24 (23) / Lc 13,1-9

“Puede ser que así dé fruto...”.

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