Lc-10 1-12 17-20
Tanto en la creación como en la redención, Dios no ha querido prescindir de nuestra colaboración. En el segundo relato de la creación en Génesis 2, se nos dice que no había crecido nada en la tierra porque Dios no había mandado la lluvia ni había nadie que cultivase la tierra.

En el comienzo del evangelio de este domingo, vemos a Jesús enviando a 72 discípulos, de dos en dos, a todos los pueblos donde Él pensaba ir. Ellos irán a preparar el camino del Señor. Antes de su Ascensión al cielo, Jesús confía a sus apóstoles el trabajo del Reino: “Vayan y hagan discípulos de todos los pueblos.”

Esta misión tendrá que ser asumida con el mismo estilo de Jesús y con sus mismas armas y herramientas. Con los mismos riesgos y la misma vulnerabilidad. “Como corderos en medio de lobos.”

En vez de decirles lo que tienen que llevar, les dice lo que no tienen que llevar. No vayan apertrechados con cosas, con dinero, con recursos. Déjense ayudar por las mismas personas a las que van a ayudar. Déjense acoger y hospedar, coman y beban lo que les ofrezcan.

¿Cuál es la misión? Curar enfermos. ¿El mensaje? Anuncien que el Reino de Dios se ha acercado. Es el contenido esencial de la Buena Noticia. Es Dios quien acerca su reinado. Es siempre su iniciativa. Y ese acercamiento, ese regalo, pide ser acogido. Es nuestra colaboración.Nuestra acogida es la tarea.

Los discípulos no deben frustrarse si el mensaje no es acogido. No es el discípulo más que su Maestro. “Vino a los suyos y los suyos no lo recibieron”. Dios propone. No impone. Su propuesta puede ser rechazada.

Esta primera misión es exitosa. Los discípulos vuelven muy contentos a reportar lo bien que les ha ido. “Hasta los demonios se nos someten en tu nombre.”

Pero no es en eso donde los discípulos deben encontrar su alegría. El triunfo no es de ellos. No se debe a la brillantez de sus discursos. Ellos son instrumentos, canales de la gracia que es de Dios. Su alegría, dice Jesús, descansa sobre la libre elección del Padre, que ha inscrito sus nombres en el cielo.

Es tan grande la tarea, que hay que pedir al Padre que siga enviando obreros a su mies.


ESPERAMOS LA PAZ
    (Is 66, 10-14)
Como torrente en crecida,
la paz a Jerusalén
llegará con todo bien
de la tierra prometida.
Será abundante la vida
en ese pueblo sagrado;
por Dios será consolado,
recibirá bendición,
y el gozo en su corazón
florecerá como un prado.


Gocemos con su alegría,
festejemos en su honor,
cantemos al Creador
y bailemos noche y día.
En esta tierra baldía
ha nacido la esperanza.
Celebremos sin tardanza
la llegada de esta luz
que irradia paz de Jesús
y alumbra nuestra alabanza.

Hno. Jesús Bayo, fms

Ora con la Palabra

 

Domingo 11 de agosto: XIX del Tiempo Ordinario

 

Lc 12,32-48

“...donde está tu tesoro, allí estará también tu corazón”.

Lunes: Dt 10,12-22 / Sal 147 (146-147) / Mt 17,22-27

“...Entonces los hijos no pagan”.

Martes:  Dt 31,1-8 / Interlec. Dt 32,3-12 / Mt 18,1-5.10.12-14

“...ésta le dará más alegría...”.

Miércoles:  Dt 34,1-12 / Sal 66 (65) / Mt 18,15-20

“...allí estoy yo, en medio de ellos”.

Jueves: Solemnidad de la Asunción de la Virgen María
Ap 11,19a;12,1.3-6a.10ab / Sal 45 (44) / 1 Co 15,20-27a / Lc 1,39-56

“...iBendita tú eres entre las mujeres...”.

Viernes:  Js 24,1-13 / 136 (135) / Mt 19,3-12

“...lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre”.

Sábado: Js 24,14-29 / Sal 16 (15) / Mt 19,13-15

“...no les impidan que vengan a mí...”.

Otras noticias

 

Suscripción al boletín